—La joven líder debería estar en esta ubicación.
El acompañante en el asiento del copiloto sacó una tableta y le mostró a Rayan un punto en el mapa que se movía constantemente.
El rostro de Rayan se ensombreció al verlo.
No esperaba que Alain Dubois y sus cómplices actuaran con tanta rapidez.
A juzgar por la ruta, se dirigían al puerto. ¿Pensaban sacar a Cecilia de Villa Solana esta misma noche?
Huir por agua era la opción más lógica; con un barco privado ni siquiera tendrían que pasar por controles de seguridad.
Si lograban esconderla bien, nadie se daría cuenta.
Rayan decidió no alertar a la policía de inmediato. En su lugar, tomó el teléfono y llamó a Raúl Ortiz.
Su tío Raúl era el director del Grupo Dorado y tenía muy buenos contactos en el puerto.
Al enterarse de que habían mordido el anzuelo, a Raúl se le borró de la cabeza cualquier idea romántica que tuviera con Jenny esa noche.
Decidió liderar él mismo la persecución para rescatar a Cecilia.
—Ese tipo al que fueron a ver tú y Ceci, el maestro de esa tal Charlotte, ¿quién demonios es? —preguntó Raúl mientras conducía a toda velocidad hacia el puerto.
Rayan se mordió el labio, lleno de frustración.
—El tipo es un zorro. De hecho, sospecho que toda la información que dio para hospedarse en el Gran Hotel Imperial es falsa.
—¿Y qué hay de Ceci? Estoy seguro de que dejó alguna pista —Raúl conocía muy bien a su sobrina; la chica era meticulosa a más no poder.
—Ceci... —Antes de terminar la frase, Rayan se percató de una notificación en su teléfono que había pasado por alto entre tanto caos.
—Tío, dame un segundo. Creo que Ceci sí me dejó un mensaje, pero no había tenido tiempo de revisarlo.
—¡Bingo! ¡Lo tengo!
Al abrir el WhatsApp, encontró un mensaje reciente de Cecilia. Decía Alain Dubois y venía acompañado de un retrato dibujado.
¿En qué momento había tenido tiempo de hacer eso?
¡Si lograban identificar ese rostro, sabrían quién estaba detrás de todo esto!
Mientras tío y sobrino se coordinaban para rastrearlo, en otro rincón de Villa Solana, Agustín Sandoval también había recibido un mensaje de Cecilia.
Le preguntaba si conocía a un tal Alain Dubois, un ciudadano de Mirasia que había huido a Estrellonia hace más de una década.
También le adjuntó los dibujos, pero a Agustín le mandó dos diferentes.
Uno mostraba el rostro reconstruido y rejuvenecido, mientras que el otro retrataba a Alain Dubois tal como lucía ahora, con todas sus deformidades.
Al ver la abismal diferencia entre ambas imágenes y comprender que se trataba de la misma persona, Agustín no perdió un segundo y llamó directamente al número privado del abuelo Jacobo.
Podría haber intentado contactar a Fabián Carrasco primero, pero hablar con el señor Jacobo era mil veces más rápido.
Además, era muy probable que Fabián no tuviera ni idea de quién era la versión joven del tal Alain Dubois.
¡Pero hace veinte años, el abuelo Jacobo estaba en la cúspide del poder y sin duda recordaría ese rostro!

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