Entrar Via

Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1369

—Envidias a mi padre, por eso te niegas a reconocer lo brillante que era.

—Siempre pensaste que, por venir de un pueblo perdido, debía irle peor que a ti.

—Creías que Néstor Ortiz merecía estar por debajo de ti. ¿Cómo ibas a soportar que fuera más inteligente que tú y que, encima, terminara con la hija de la familia más rica de Viento Claro?

—Luciano, tienes una mentalidad mediocre y retorcida. La gente como tú no es más que una rata de alcantarilla.

—Y sobre mi padre... ¿En serio era tan pobre? ¿O solo asumiste que, por ser de un rancho, tenía que estar más jodido que tú?

Esa ráfaga de preguntas sarcásticas y burlas dejó a Luciano muy mal parado.

Esa pregunta, "¿En serio Néstor Ortiz era tan pobre?", le dio justo en donde más le dolía.

Tenía razón. ¿De verdad Néstor era tan pobre?

Recordó cuando se enteró de que el mejor estudiante de la clase que impartía venía de un rincón olvidado del país. ¡Estaba convencidísimo de que la familia de Néstor era más pobre que la suya!

Y cuando vio que Néstor usaba ropa tan gastada que hasta perdía el color, sus sospechas se confirmaron.

Pero, pensándolo bien, aunque la ropa de Néstor no estaba a la moda, no tenía ni un solo remiendo y, a pesar de verse anticuada, la tela era de muy buena calidad.

En invierno, los abrigos que usaba se veían gruesos y calientitos.

¡Y tenía más de uno!

No como él, que solo se turnaba dos abrigos viejos, y uno era tan delgado que el algodón ya se había hecho bolas.

Y en la cafetería, no parecía que Néstor estuviera tan necesitado como para sobrevivir comiendo solo un panecillo con agua.

Aunque llevaba sus propios frascos de encurtidos, mucha gente se le acercaba a pedirle un poco.

Algunos hasta se los cambiaban por guisados con carne.

En ese entonces, Luciano solo pensaba que Néstor era un convenenciero y un miserable por cambiar sus encurtidos caseros por carne.

Que no tenía escrúpulos con tal de llevarse un pedazo de carne a la boca.

Pero, ¿y si era al revés? ¿Y si los demás querían tanto sus encurtidos que estaban dispuestos a dársela a cambio?

Haciendo memoria, se dio cuenta de que, en realidad, Néstor nunca pareció tener tantos apuros económicos como él creía.

Cada vez que la universidad pedía alguna cuota, Néstor jamás se retrasaba.

—Como lo imaginaba, mi padre nunca anduvo pregonando que le faltara dinero, ¿verdad?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana