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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1425

Hasta ese momento, Cecilia solo tenía confianza con Aurora y su hermano.

Pero esa salida a cenar logró que entablara una bonita amistad con los hermanos de la familia Blancas.

Cuando terminaron de comer y regresaron a la residencia principal, pasaban de las dos de la madrugada.

Cecilia se fue directo a su cuarto y cayó rendida en la cama, mientras que los demás se instalaron en las habitaciones de invitados.

Aurora durmió en el mismo cuarto que Cecilia, y Patricia compartió alcoba con Marina.

Para Aurora, compartir su espacio y conversar hasta tarde con una prima de su edad era una experiencia completamente nueva.

Jamás había compartido la cama con ninguna de sus primas de la familia Gallegos.

De hecho, rara vez se quedaba a dormir en casa de los Gallegos; desde pequeña, había notado que no era muy querida por esa parte de la familia.

Las miradas de sus primas siempre estaban cargadas de celos y resentimiento.

Y un niño, por muy pequeño que sea, capta esas emociones con facilidad.

Recordaba que una vez, durante una pelea, una de sus primas le había gritado con furia por qué ella no podía ser la hija de su tía Helena.

Le había dicho en la cara que su única gracia era ser hija de Helena y que por eso tenía una vida tan fácil y lujosa.

Esa mirada de pura envidia siempre había incomodado profundamente a Aurora.

Pero con Cecilia era diferente. A su lado, sentía una calidez sincera y un afecto genuino.

A pesar de que su madre se la pasaba hablando mal de Cecilia, llamándola invasora y asegurando que había vuelto para robarle todo lo que le pertenecía por derecho.

Aurora nunca había percibido ni una gota de hostilidad de parte de Cecilia. Al contrario, siempre había sido amable y considerada con ella.

Sentía que verdaderamente podían ser amigas, que podían ser como hermanas. En el fondo, anhelaba tener una conexión así.

—Ceci, yo... —susurró Aurora, queriendo empezar una plática nocturna.

Al menos, quería pedirle disculpas por el comportamiento tóxico de su madre.

Pero Cecilia se había quedado dormida mucho más rápido de lo que imaginó.

Al escuchar la respiración pausada y profunda de su prima, Aurora cerró los ojos y se dispuso a descansar.

Pensó que le costaría conciliar el sueño.

No solo por dormir en una cama diferente acompañada de alguien más, sino por todo el estrés que había acumulado esa noche.

Nadie podía sentirse peor que ella al saber que su propia madre había intentado ofrecerla como mercancía al mejor postor.

Sin embargo, en medio de esos pensamientos tristes, el cansancio la venció.

La paz y tranquilidad que transmitía la presencia de Cecilia terminaron relajándola por completo.

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