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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1435

Agustín le había dicho que el alcalde Vera era un hombre muy estricto y de una rectitud inquebrantable, especialmente con su hijo.

Una queja directa era la mejor solución.

El rostro de Leandro palideció un poco: —Cecilia, solo quería invitarte como amigo. ¡No pretendo arruinar tu relación con el señor Sandoval!

—¿Teníamos que llegar a estos extremos?

¡Por nada del mundo quería volver a casa a recibir un castigo con cinturón!

—Yo tampoco quiero llegar a eso, ¡pero estás cruzando la raya! —La mirada de Cecilia estaba cargada de frialdad.

No era la primera vez que este tipo se aparecía sin invitación. ¿Acaso creía que la insistencia le funcionaría?

—¡Permiso, estorbas! —Cecilia tomó del brazo a Martina, dispuesta a rodear a Leandro para pasar.

Leandro extendió las manos rápidamente: —¡De verdad no tengo otras intenciones, Cecilia! Eres doctora, ¿no? ¡Vengo a buscar ayuda médica, solo eso!

—¿Ayuda médica para qué? —Cecilia no le creía ni una sola palabra.

Un holgazán como él, que se la pasaba derrochando dinero, carecía de cualquier tipo de credibilidad.

—¡No es para mí, es para mi abuela! —se apresuró a explicar—. Tiene la salud muy delicada. Es vegetariana desde hace años y sufre de insomnio severo. Quería pedirte el inmenso favor de que la revises.

—Escuché que le recetaste un remedio a Adolfo para dormir...

—Me contaron que últimamente en su familia...

—¡Leandro! —Antes de que pudiera terminar la frase, alguien lo interrumpió. ¿Quién más iba a ser sino el mismísimo Adolfo Pineda?

Al ver a Adolfo, Leandro instintivamente encogió el cuello.

Los tipos con los que se juntaba Enzo Ortega eran peligrosos, y Adolfo era el peor de todos.

Bajo esa fachada de chico amable y refinado, se escondía la mente más calculadora y oscura.

—Ad... Adolfo, ¿qué haces aquí? —tartamudeó Leandro, con la lengua trabada.

Ya casi no quedaban niños ricos tan cobardes como él.

Adolfo le sonrió: —¿Y tú qué haces aquí? ¿Viniste a molestar a Cecilia?

El rostro de Leandro se tensó, sintiéndose atacado injustamente: —¡Claro que no! ¡Vengo exclusivamente a buscar una doctora!

—Mi abuela no come ni duerme bien últimamente, tiene a todos muy angustiados en casa.

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