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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1437

—Yo también estudié aquí. Es lo más normal del mundo que conozca a los dueños del lugar, ¿no?

Al ver cómo Leandro movía los ojos de un lado a otro, Adolfo supo de inmediato que sus intenciones no eran buenas.

—Cualquier tontería que se te esté ocurriendo, será mejor que la borres de tu mente.

El tono de Adolfo llevaba una clara advertencia.

Cecilia y Martina miraron a Leandro con curiosidad.

La verdad es que ellas también querían saber qué locuras estaban pasando por su cabeza.

—No estaba pensando en nada malo, solo que la chica de la caja es bastante linda. Ya que la conoces, Adolfo, ¿cuántos años tiene? ¿Tiene novio?

Al oír la pregunta, Adolfo miró instintivamente a Cecilia.

¿No era este el mismo tonto que hace poco gritaba a los cuatro vientos que quería conquistar a Cecilia?

¿Por qué de repente mostraba interés en la hija del dueño del restaurante?

Cecilia parpadeó, pensando para sí misma: *No me mires a mí, ¿qué quieres que haga? A mí ni siquiera me cae bien este tipo.*

—Es la hija del dueño, todavía está estudiando, así que ni se te ocurra andar con ideas raras.

La chica, llamada Sofía, en efecto se veía bastante joven.

Hablando del rey de Roma, justo en ese momento Sofía llamó a la puerta y entró al área privada donde estaban.

—Adolfo...

—Mi mamá acaba de hornear estos pasteles de ciruelo y mi papá me pidió que les trajera un plato para que los prueben.

En ese instante, Cecilia y Leandro miraron a Adolfo casi al mismo tiempo.

No había que ser un genio para darse cuenta. Aunque Adolfo solo la viera como la hija del dueño, ella claramente no lo veía a él solo como a un cliente.

Sofía no era espectacularmente hermosa, pero tenía un encanto natural. Llevaba el cabello trenzado hacia un lado, adornado con una pequeña flor, luciendo como la típica vecina dulce y tierna.

Esa forma de mirarlo, como si estuviera a punto de confesarle todo pero se contuviera, dejaba más que claro que ahí había algo.

Tal vez el hecho de ver a Adolfo con dos chicas fue lo que impulsó a esta dulce vecina a actuar.

—Muchas gracias, Sofía —dijo Adolfo, recibiendo el plato de postres sin añadir ni una palabra más.

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