—De lo contrario, tienen que estudiar por cuenta propia y con disciplina —concluyó el profesor, sin darle a Martina tiempo de excusarse—. En fin, ya sé que ambas son excelentes alumnas y tienen hambre de aprender. A buen entendedor, pocas palabras; la próxima vez que se distraigan, procuren no interrumpir a sus compañeros.
—Les preparé esta lista de lectura. Si de verdad quieren destacarse en cirugía, tienen que devorar libros. La cirugía no solo exige bases teóricas impecables, sino una destreza en el quirófano y reflejos rápidos para lidiar con cualquier emergencia. Si no fueran tan jóvenes, ahora mismo las recomendaría para hacer prácticas en un hospital. Pero por el momento, familiarícense con los libros de esta lista. Ah, y aquí tienen algo más: mis notas personales de mis años de cirugía.
El profesor sacó dos copias engargoladas de sus propios apuntes y se las entregó.
Cecilia y Martina estaban estupefactas. Creían que las había llamado para reprenderlas, pero la realidad era totalmente distinta. ¡Las estaba apadrinando en secreto!
¿Así que esto era lo que pasaba cuando tenías grandes metas? El profesor Olivares las estaba apoyando incondicionalmente, dándoles herramientas que los demás estudiantes ni siquiera podían soñar con tener.
—¡Muchísimas gracias, profesor! Le prometemos que daremos nuestro mejor esfuerzo. No lo defraudaremos.
Al recibir los apuntes, Cecilia hizo una profunda reverencia de agradecimiento. Martina, saliendo de su asombro, la imitó al instante. Con un mentor brindándoles semejante apoyo, si no daban el mil por ciento, no tendrían perdón.
—Profesor, si nos surge alguna duda al estudiar esto, ¿podemos venir a consultarlo? —preguntó Cecilia. Quizás ella ya había leído los libros de la lista, pero esos apuntes personales eran invaluables.
La mirada del profesor Olivares se suavizó aún más.
—Por supuesto que sí. Cecilia, tengo entendido que tu dominio de la medicina natural y los remedios tradicionales es impresionante. Ya que te decidiste por la rama quirúrgica, debes esforzarte el doble. No te pido que abandones tus raíces, sino que encuentres cómo lograr una verdadera medicina integrativa. Si sabes combinar ambos mundos, los pacientes serán los más beneficiados.
Cecilia captó de inmediato el sabio consejo.

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