—¡Ahora nos dividiremos en dos grupos!
Tiago dio la orden con frialdad. El objetivo de dividirse era poder llevarse a Cecilia sin problemas.
En ese momento, ya había un helicóptero esperando en la azotea. Si querían atraer la atención de la policía, alguien tendría que subir a ese helicóptero para despistarlos.
¡Mientras tanto, otros abrirían una brecha en el cordón de seguridad para que el resto escapara por ahí!
—Necesitamos a alguien que atraiga el fuego enemigo. Lo ideal es que sea alguien que ya haya mostrado su rostro en la Universidad de Viento Claro.
Augusto y Vanesa eran los candidatos perfectos.
Tiago no había dejado que lo vieran, así que planeaba llevarse a Cecilia por otra ruta.
—Que vaya Augusto, él es mejor que yo.
Vanesa fue la primera en hablar.
En el fondo, no quería ir. Los que servían de señuelo solían terminar muy mal. Y aunque ella era impulsiva, no tenía ganas de morir.
Augusto la fulminó con la mirada.
—Nadie es más adecuado que tú. ¡Después de todo, esta situación es culpa de tu impulsividad!
Si estuviera absolutamente seguro de sobrevivir, Augusto no discutiría con ella. Pero no quería morir.
¡Si él moría, su hermana también lo haría!
Ambos se negaban a ir y Tiago se dio cuenta de eso al instante. ¡Pero ahora no tenían opción!
—Ustedes dos irán. Vanesa se disfrazará de Cecilia y Augusto la escoltará para distraer al enemigo.
Esa decisión fue un golpe duro para ambos. Sin embargo, en ese momento, solo podían obedecer órdenes.
Augusto puso un semblante sombrío.
—Si no regreso de esta...
Los ojos de Tiago brillaron con intensidad.
—La organización se encargará de tu hermana.
Tiago sabía perfectamente que la única razón por la que Augusto acataba las órdenes de la organización era su hermana. Con esa promesa, intentaba decirle que no lo pensara dos veces.
Pero Augusto no confiaba en absoluto en la organización.
—No te preocupes. Si es tu última voluntad, te ayudaré.
—Quiero que lleves a mi hermana de vuelta a Mirasia para que descanse en paz —soltó Augusto de una vez, temiendo que Tiago se arrepintiera.
Tiago no esperaba una petición así, pero luego pensó que Augusto era de Mirasia. Era normal que no quisiera que su hermana se quedara sola en un país extranjero.
La idea de los mirasianos de volver a sus raíces era muy arraigada, difícil de cambiar.
Aunque Tiago había sido llevado a Estrellonia desde niño para ser entrenado, en el fondo, su verdadero hogar seguía siendo Mirasia.
Tiago tenía ascendencia mirasiana, aunque su actitud hacia el país era bastante fría.
No es que odiara Mirasia, simplemente eran gajes del oficio.
Hacía lo que las misiones le exigían, sin importar las fronteras.
—Te lo prometo —aceptó Tiago con simpleza.
A su lado, Vanesa, que ya no podía zafarse de la misión, estaba de pésimo humor.
—Aceptaste demasiado rápido. ¡Quién sabe si siquiera saldremos vivos de esta!

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