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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1499

—¡Jamás!

Como ya había revelado su verdadera identidad, el jefe de área no vio necesidad de seguir fingiendo.

Soltó una risa histérica.

—¡Jajaja! ¡Malditos perros del gobierno, no dejaré que pongan un pie adentro!

—¡Ya les dije que nuestro director está realizando una operación vital y ustedes solo quieren arruinarla!

—¡Sé que lo hacen a propósito!

—¡Quieren destruir a nuestro director!

Aunque el tipo parecía un fanático devoto del director, Agustín y Cristhian mantuvieron una expresión gélida, sin dejarse afectar por su locura.

Sin parpadear, Agustín le fracturó los huesos de la mano con un crujido sordo.

—También eres médico, ¿verdad?

—¡Para alguien a quien no le importa salvar vidas, supongo que no será una tragedia no poder volver a sostener un bisturí!

—¡Ahhhh! —El hombre soltó un alarido de agonía.

Cristhian torció un poco la boca y apartó la mirada.

El humo ya era espeso y las llamas ardían con fuerza en el pasillo; decidió que no veía nada.

Mientras Agustín aplicaba una serie de tácticas despiadadas, Cristhian fingió que miraba al infinito.

Ahora, el jefe de área yacía en el suelo como un trapo, sin fuerzas ni para lanzar insultos, ahogado en su propio dolor.

Las técnicas que usaba Agustín eran brutalmente eficientes. A simple vista no dejaban marcas evidentes, pero atacaban puntos nerviosos, causando un tormento inenarrable.

—Es evidente que no va a ordenar que abran la puerta. Y aunque lo hiciera, los guardias de adentro probablemente ya estén controlados.

Cristhian apretó la mandíbula.

Para que la Clínica Buenavista ocultara una red criminal tan grande sin que el Departamento de Seguridad Especial lo notara, estaba claro que sabían borrar muy bien sus huellas.

El escándalo en los pasillos era ensordecedor; los de adentro debían estar enterados.

Sin embargo, concentrados en la cirugía, parecían ignorar el caos exterior.

Cuando los bomberos finalmente destrozaron la puerta, la operación aún continuaba como si nada.

Agustín se abrió paso a empujones y fue el primero en entrar.

—¿Y ustedes quiénes son?

El equipo médico en la sala dio un respingo de terror.

—Sigan con lo suyo.

Cristhian tiró del brazo de Agustín, que seguía plantado ahí como una gárgola.

Ya que habían confirmado que no era Cecilia, debían salir a buscarla de inmediato.

Pero Agustín no se movió.

Sus ojos escanearon cada rincón del quirófano.

—¡Salgan ahora mismo, no interfieran con el trabajo del director!

Al ver que no se iba, la enfermera le gritó con desdén.

Agustín ni siquiera la miró, dirigiéndose directamente al director, que seguía concentrado en la cirugía.

—¿Dónde están?

Sin detener sus manos, el director Jerónimo respondió calmadamente:

—Oficial, sigo operando. Si tiene preguntas, le pido que espere a que termine.

—Director Jerónimo, esta cirugía no estaba programada. Meterla de último minuto no es más que una tapadera para encubrir a esos criminales.

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