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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1500

—Revisé sus registros. Esta operación fue improvisada.

—¿Dónde están?

La cirugía, de hecho, ya había concluido. Todo el trabajo final estaba listo, pero el director Jerónimo se las ingenió para inventar complicaciones y alargar el tiempo en el quirófano.

¿No era obvio que estaba comprando tiempo para los demás?

La mirada del director Jerónimo vaciló por un instante.

Y desvió sus ojos hacia un punto en específico.

¡Hacia esa enfermera!

Los reflejos de Agustín fueron como un relámpago, lanzándose directamente hacia ella.

La enfermera reaccionó con un contraataque feroz, y ambos se enfrascaron en un combate cuerpo a cuerpo.

Resultó tener habilidades de combate extraordinarias y una agilidad impresionante; incluso logró hacerle un corte en el dorso de la mano a Agustín usando un bisturí.

En ese instante, el resto del personal médico en el quirófano también se lanzó al ataque.

Cristhian, igual de rápido, se enfrentó a los demás.

En medio del caos, nadie prestó atención al director Jerónimo, quien intentó escabullirse hacia la puerta, pero un médico le cortó el paso.

—Espere un momento, director.

El médico presionó un bisturí contra el cuello del director Jerónimo.

El profesional que segundos antes lo asistía en la cirugía resultó ser otro mercenario.

El director Jerónimo no se esperaba esto en absoluto.

Era solo un hombre de ciencia, un tipo débil sin ninguna oportunidad de defenderse.

Un bisturí en sus manos no servía para atacar como lo hacía en manos de un asesino.

Agustín seguía intercambiando golpes con la enfermera.

Esa enfermera no era otra que Tiago disfrazado.

Cuando Augusto y Vanesa se disfrazaron, él también lo hizo.

Pero nadie esperaba que estuviera usando ropa de mujer, e incluso la voz con la que había hablado antes sonaba completamente femenina.

Los miembros de la Organización Amanecer resultaron ser peligrosamente versátiles.

—¿Dónde está Cecilia? —le exigió Agustín.

Agustín le propinó un puñetazo brutal en la cara a Tiago.

Una sonrisa torcida apareció en el rostro de Tiago.

—No lo sé.

—¡¿Cómo que no lo sabes?! —Agustín le asestó otro golpe.

Tenía los ojos inyectados en sangre, consumido por la desesperación.

—Eres de la Organización Amanecer, ¿verdad?

Agustín ya había descubierto que agentes de esa organización habían entrado a Mirasia y sospechaba que venían por Cecilia.

Lo que no entendía era cómo tantos habían logrado cruzar la frontera sin ser detectados.

Las pupilas de Tiago se encogieron. No esperaba que Agustín conociera a su organización.

—Dime, ¿qué le pasa a un agente de Amanecer cuando fracasa en su misión? —Agustín sabía exactamente cómo presionar para romper su silencio.

Tiago lo sabía mejor que nadie: en su organización, el fracaso rara vez significaba morir a manos del enemigo. Casi siempre morían a manos de sus propios superiores.

Los débiles y los inútiles siempre eran eliminados.

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