—Quién diría que la necesitaríamos tan pronto.
A Haroldo le brillaron los ojos al escucharla. Jaló a Cristhian de la manga y le susurró:
—Águila, hazme la segunda.
Sin que tuviera que decirlo, Cristhian adivinó lo que estaba pensando.
—¿Quieres un poco? —preguntó Cristhian con una sonrisa.
Él también quería; las cosas que hacía Cecilia eran de primera calidad.
—Cecilia, ¿se puede producir esta loción en masa?
—Escuché que la compañía CÉ que tienes con tu primo ya ha sacado algunos productos increíbles.
—Si logras producir esta loción a gran escala, será un éxito rotundo.
Pero Cecilia tenía la mente enfocada únicamente en sus estudios.
—Por ahora es imposible producirla en masa. Esta loción no es barata y su preparación no es nada sencilla.
—Algunos ingredientes son muy difíciles de conseguir.
—Apenas hago dos o tres frascos al año para tener de reserva.
La verdad es que no tenía intención de comercializar el repelente en CÉ. La gente común no lo necesitaba.
Con comprar un repelente de veinte pesos en la farmacia les bastaba.
¿Quién gastaría cientos de billetes en algo así?
—Entonces, ¿podríamos encargarte un lote especial?
Al ver que Cristhian dudaba, Haroldo se animó a preguntarle directamente.
Cecilia no se negó:
—Sí se puede, pero de verdad, el precio no es barato.
—Aunque no busque lucrar con esto, el costo de producción es muy alto.
Prefería advertirles para que nadie pensara que quería enriquecerse a sus expensas.
La verdad, no servía para hacerse rica por lo costoso que era.
—No pasará de los mil billetes, ¿verdad? —Haroldo no era como Cristhian, a él sí le dolía gastar dinero a manos llenas.
Tenía que pensar en el presupuesto de su base militar.
Si era demasiado cara, tendría que regatear.

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