Mariano no lo podía creer.
Habían considerado múltiples escenarios sobre si confiar o no en ella, ¡pero jamás imaginaron que sería ella quien se negaría a ayudarles!
¡Pecaron de arrogantes!
Mariano la estaba llamando con el altavoz encendido frente a toda una sala de juntas llena de altos mandos. Todos escucharon el sutil, pero firme rechazo de la chica.
Un directivo que desde el principio se había opuesto a buscar civiles soltó una carcajada burlona: —¿Esta es la niña prodigio que tanto defendían?
—¡Es solo una mocosa cobarde!
Elena Gallegos, una de las directoras, frunció el ceño. Odiaba profundamente ese tono despectivo hacia las mujeres.
—No estaríamos buscando ayuda externa si sus técnicos fueran competentes —le espetó al hombre—. Deje de fijarse en su edad o su género, lo que importa es si puede o no solucionar el problema.
—Tiene razón. Escucha, Israel —intervino otro, dirigiéndose al técnico principal—, sabemos que eres nuestra estrella tecnológica, pero si ni siquiera tu mejor aprendiz ha logrado abrir ese archivo, pedir ayuda externa es nuestra única salida.
—Y Elena, por favor, no te pelees con Israel. Ahora lo urgente es lograr que esta chica acepte ayudarnos.
El ambiente era tenso. Aquella sala estaba llena de pesos pesados, figuras legendarias que habían forjado sus carreras a base de éxitos. El orgullo sobraba en cada esquina.
Si entre ellos ya se sacaban chispas por cualquier cosa, tener que rogarle a una universitaria era un golpe letal a su ego.
—Calma, señores, no nos ataquemos entre nosotros —intervino una voz conciliadora—. Veamos cómo la convencemos primero.
Todas las miradas se clavaron al unísono en Mariano.
—Mariano, háblale bien a la chica. Asegúrale que se le compensará y que garantizaremos su seguridad a toda costa —ordenó el Director Vega, quien había permanecido en silencio hasta entonces.
El Director Vega era el alumno favorito de Jacobo Carrasco, así que era evidente que estaba del lado de Cecilia. Era de los pocos que sabía que ella le había salvado la vida al nieto de don Jacobo.
Mariano se apresuró a transmitir las garantías del director.

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