—Esta niña, últimamente siempre anda desaparecida.
Y para colmo, cuando por fin lograba cruzarse con ella, Cecilia salía huyendo.
—Aurora, tu prima es increíble. Es hermosa y brillante. Escuché que la facultad de medicina y la de matemáticas se pelean por ella.
—No es como nosotros, que si no fuera por el baile, jamás habríamos logrado pasar el examen de admisión para entrar a la Universidad de Viento Claro.
Aunque los requisitos para los estudiantes de artes en la universidad eran estrictos, siempre existía una discriminación invisible. Muchos los veían como estudiantes de segunda categoría frente a los que entraban por méritos académicos.
Quien hablaba era un joven llamado Blas Téllez.
Él también estudiaba danza. Tenía una buena postura, porte elegante y un rostro atractivo, aunque con un aire algo afeminado.
Aurora y él eran compañeros de clase y pareja de baile. En general, se llevaban bastante bien.
Sin embargo, ese tipo de comentarios hacían que a Aurora se le revolviera el estómago.
Sentía que Blas no solo se estaba menospreciando a sí mismo, sino que también usaba el éxito de Cecilia para hacerla sentir inferior a ella.
Su madre solía compararla con Cecilia todo el tiempo, y ella había aprendido a lidiar con eso.
Reconocía sin envidia que no era tan brillante como su prima.
Pero que Blas se lo dijera de esa manera, le resultaba bastante...
Al notar que la expresión de Aurora se había endurecido, Blas se apresuró a arreglarlo.
—Aurora, no me malinterpretes. No lo dije con mala intención.
—Tu prima será muy inteligente, pero tú tampoco te quedas atrás.
—Acabamos de ganar un premio en una competencia internacional, y a ti te reclutaron directamente para el grupo nacional de danza, ¿no es así?
Al mencionar eso, Blas apretó los puños, consumido por un resentimiento amargo.
Si ambos habían participado juntos en la misma competencia, ¿por qué solo Aurora había sido seleccionada para el grupo de élite?
¿Acaso era simplemente porque él no provenía de una familia adinerada e influyente como los Ortega?
¿Acaso su esfuerzo debía ser pisoteado por todos solo por ser pobre?
La envidia carcomía a Blas por dentro, distorsionando sus pensamientos, aunque Aurora, en su inocencia, aún no se había dado cuenta.
Pero al mencionar la palabra "reclutamiento", el rostro de Aurora se volvió sombrío.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana