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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1837

—¡Con razón! Ya decía yo que tenían el mismo aire —exclamó Cecilia, gratamente sorprendida.

—Si la profesora Valdez es tu tía, entonces Adolfo es tu primo, ¿no?

Micaela parpadeó, mirándola con repentina intriga.

—A ver, ¿tú conoces a mi tía, o eres amiga de mi primo?

La forma en la que habló la hacía parecer mucho más conectada con Adolfo.

Micaela pensó al instante: ¿Será mi futura prima política?

Pero luego sacudió la cabeza mentalmente. Su primo le llevaba bastantes años; ¡qué asaltacunas!

Por lo que había escuchado hace un rato, ¡la chica apenas estaba empezando la universidad!

—No me mires así. Estoy comprometida, así que no hay forma de que me vuelva tu prima política —aclaró Cecilia, leyendo perfectamente las intenciones en sus ojos.

La desilusión se dibujó de inmediato en el rostro de Micaela.

—Oye, ¿cómo te llamas? ¡Pásame tu contacto! —insistió Micaela mientras salían del recinto, persiguiendo a Cecilia.

Cecilia se presentó amablemente y le dio su número de celular.

Micaela aún no se daba por vencida y volvió a la carga con la promoción de Rio.

—De verdad, Rio es el chico más dedicado que he conocido en mi vida. ¡Va a ser una superestrella!

—¡Háganse fans desde ahorita! Les prometo que es una apuesta segura.

A Cecilia le intrigaba tanta devoción. ¿Acaso los universitarios de hoy en día no tenían tareas? ¿Cómo sacaban tanto tiempo para idolatrar a un chico?

La verdad es que no entendía la dinámica de los clubes de fans ni los extremos a los que llegaban para asegurar el éxito de sus ídolos.

Así que preguntó con sincera curiosidad:

—¿Qué tan dedicado es?

—¿Más que ese tal Blas Téllez?

El solo nombre de Blas hizo que Micaela frunciera el ceño con asco.

—Mira, si no quieres ser fan de mi Rio, está bien. ¡Pero por favor dime que no vas a apoyar a ese engreído!

—Segurísimo compró su lugar. Cuando fui a los entrenamientos previos, él ni figuraba.

—Estuve haciendo guardia en el campamento durante semanas y jamás le vi la cara.

—Alguien de arriba tuvo que mover hilos para meterlo de último minuto y quitarle el lugar a otro que sí se lo merecía.

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