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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 360

Tenía la mano metida en el pecho, oculta por la chamarra, pensando que nadie se daría cuenta.

Pero sus movimientos eran sospechosos; Cecilia lo notó enseguida, y Agustín también.

—Estoy bien —dijo Cecilia mirando a Diana—.

—Aunque traiga un cuchillo, usted no se va a atrever a sacarlo.

—Ella no tiene el valor para ir a hacerle compañía a su hija a la cárcel.

Diana estaba furiosa, pero era cierto: no se atrevía.

No quería que la encerraran también.

Trajo el cuchillo solo para asustar a Cecilia.

¿Quién iba a decir que esa mocosa era tan dura de roer?

—Cecilia, Abril te ofendió, pero nosotros no te hemos hecho nada, ¿verdad? ¿Acaso mandaste a alguien a arruinar nuestro negocio a propósito?

Tenían un restaurante y últimamente el negocio iba de mal en peor.

Se suponía que en estas fechas debería haber mucho movimiento, pero mientras los locales vecinos tenían clientes, el suyo estaba desierto.

El negocio estaba a punto de quebrar.

Bruno estaba convencido de que esto tenía que ver con Cecilia.

Cecilia ni enterada estaba, porque ciertamente no había sido ella.

Pero pronto dedujo la razón.

—Su hija hizo lo que hizo, y todos los vecinos se enteraron y corrieron la voz, ¿no?

—Si la gente no quiere ir a comer a su local, ¿no será por esa razón?

—Si quieren culpar a alguien, culpen a su hija por tener una mente tan perversa a tan corta edad.

—¡Tú! —Bruno no esperaba que Cecilia le echara la culpa a Abril de eso también.

Pero pronto se dio cuenta de que tenía sentido; tal vez sí tenía que ver con su hija.

Desde la última vez que fueron a buscar a Cecilia, lo que hizo Abril se había difundido entre los vecinos del barrio.

A partir de ahí, las ventas cayeron en picada día tras día.

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