—¿Y por qué no iba a pedir algo así? ¿A qué te refieres, Arturo?
Ivana rodó los ojos, molesta.
—¿Cómo voy a saber yo por qué pide eso? ¿Acaso crees que fui yo quien lo sugirió?
Arturo notó el tono irritado de su esposa y se apresuró a explicar:
—Ivana, no me refiero a eso. Solo digo que su exigencia es muy extraña.
—Saben perfectamente que Ceci ya no vive con la familia Ortiz. ¿Cómo vamos a decidir por ella?
Además, él conocía al hijo de la familia Quintana y, sinceramente, no le llegaba ni a los talones a Cecilia.
—Eso mismo le dije yo, pero Irene no me creyó —Ivana dejó claro que ya había intentado excusarse, pero las cartas estaban sobre la mesa.
Si no cumplían, el préstamo del banco no se aprobaría.
Arturo sentía una rabia contenida, pero sabía que la familia Ortiz estaba contra las cuerdas y no les quedaba más remedio que aceptar las condiciones que les impusieran.
—Va a ser muy difícil planteárselo a Ceci.
Si el hijo de los Quintana fuera un hombre apuesto y talentoso, sería más fácil venderle la idea. Pero el muchacho tenía un sobrepeso considerable, idéntico a Irene. Arturo nunca había entendido qué le vio Erik a Irene para casarse con ella, aparte del dinero.
—Yo también creo que es casi imposible.
Ivana estuvo de acuerdo:
—Es cierto que criamos a Ceci y le dimos todo, pero si intentamos cobrarle el favor ahora, la gente va a hablar mal de nosotros.
—Esa niña ya está bastante distanciada por lo que pasó con Delfi.
—Si la presionamos para que ande con el hijo de Erik, lo único que lograremos es alejarla más.
Esa noche, cuando Arturo y Héctor llegaron a casa, Ivana sacó el tema de las exigencias de la familia Quintana durante la cena.
—Pensándolo bien, tiene sentido que Irene se haya fijado en Ceci. Al fin y al cabo, sacó el primer lugar en el examen de admisión y siempre ha sido muy destacada.
—El hijo de los Quintana regresó de estudiar en el extranjero y ya está trabajando en el banco. Aunque es unos años mayor que Ceci, dicen que los hombres mayores saben tratar mejor a las mujeres.
Ivana fingía no prestar atención a la reacción de su hijo, pero lo vigilaba por el rabillo del ojo.
Delfina también estaba en la mesa, callada, pero en shock por dentro.
Así que la situación de la casa era realmente grave. Estaban moviendo influencias y pidiendo préstamos, y la esposa del director del banco ponía como condición que su hijo se comprometiera con Cecilia.
Qué suerte tenía esa maldita. Ya ni siquiera era hija de la familia Ortiz y aun así podía conseguir un buen matrimonio gracias a ellos.
—Mamá, ¿ya le preguntaste a Cecilia? ¿Ella aceptaría algo así?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana