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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 698

Cuando Lorena escuchó las broncas de la familia Ortiz, arrugó la frente.

Y cuando se enteró de que Delfina ni siquiera era hija de sangre de Arturo, se quedó muda por el descaro.

—Ceci sabe lo que hace. Si dice que no quiere guardaespaldas, es que no los necesita.

—Los Ortiz podrán ser muy aventados, pero no están tan zafados como para meterse en problemas de vida o muerte.

—Y si un perro acorralado muerde, seguro que van a terminar mordiéndose entre ellos mismos.

—Eso sí, lo que mencionabas de buscar exmilitares... Si encuentras a un par de mujeres que sean buenas en eso, contrátalas de una vez.

—Que la cuiden de lejitos, sin que Ceci se dé cuenta, y ya está.

Raúl pensó en aplaudirle a la anciana. Definitivamente, más sabe el diablo por viejo.

—Va, voy a empezar a checar un par de candidatas.

Raúl no perdía el tiempo. Gracias a sus contactos, en solo un día consiguió a dos mujeres.

Ambas pasaron la entrevista sin problemas. Raúl les explicó que el trabajo consistía en proteger a una jovencita y les detalló todos los horarios de Cecilia.

—La onda está así: ella no quiere que la protejan, así que van a tener que seguirla en secreto.

—Mi sobrina es bastante lista y se da cuenta de todo, así que pónganse muy vivas.

Las dos escoltas intercambiaron miradas. Seguramente pensaban: «Otra niñita rica haciendo berrinche, a ver qué tan latosa sale».

Eso de no querer que las siguieran era un mal común entre las hijas de familia acomodada.

Todas se la pasaban exigiendo libertad.

Pero cuando a una de esas muchachas la secuestraban, la historia no terminaba nada bien.

—Descuide, mantendremos nuestra distancia.

Una de las escoltas se llamaba Aitana y la otra Claudia.

Las dos eran rápidas, directas y de pocas palabras.

A Raúl le dio muy buena espina.

—No es una chica problemática. La contratamos más que nada porque nos preocupa que corra peligro...

Raúl les dio todo el contexto sobre la situación actual de la familia Ortiz y les confesó todos sus temores.

Si salían heridas, tendrían indemnización y gastos médicos cubiertos al cien por ciento.

A ambas les pareció un excelente trato.

Al fin y al cabo, iban a trabajar en equipo, lo que demostraba que el patrón iba en serio.

Cecilia llevaba años estudiando medicina y practicando artes marciales, por lo que tenía los sentidos muy agudos.

El primer día que la siguieron, las cachó de inmediato.

Era obvio: ella iba en su coche y ellas en el suyo, siguiéndola hasta la puerta del hospital. Solo un ciego no se daría cuenta.

Sin embargo, Cecilia supuso que eran las guardaespaldas que su tío Raúl le había mandado, así que no les dijo nada y dejó que hicieran su trabajo.

Dentro del hospital estaba segura.

Como su abuela de crianza seguía ahí, primero pasó a darse una vuelta por la habitación de Héctor.

Paloma ya había descansado y se había quedado para monitorear el progreso después de la cirugía. Mientras Héctor no presentara fiebre ni infecciones, y cooperara con sus terapias de rehabilitación, todo estaría bien.

Tampoco estaba tan angustiada.

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