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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 706

Cecilia acercó un banquito y se sentó a ayudar a Abel a procesar las hierbas.

Le platicó la verdadera razón por la que Fabio la había invitado.

Le explicó que ahora trabajaban en el mismo laboratorio de investigación, con un proyecto en común.

También le confesó que el rencor que su hijo sentía hacia esos métodos ya había desaparecido, pero que no sabía cómo acercarse a él ni cómo ayudarlo a superar el trauma de haber perdido a su esposa.

Abel se quedó de piedra. No se esperaba eso, y mucho menos imaginó que una muchacha tan jovencita tuviera tanto conocimiento sobre el tema.

—¿Me estás diciendo que yo no estaba equivocado? ¿Que la herbolaria sí podía salvar a mi mujer?

Ver a su esposa sufrir por la enfermedad día tras día le había destrozado el alma.

—En teoría, sí era posible. Pero para estar segura, primero necesitaría checar el historial médico de su señora.

A Abel le brillaron los ojos:

—¡Eso es facilísimo! Yo estaba tan desesperado por curarla que llevé un registro exacto de cada cambio en su estado y de todas las medicinas que le daba.

Abel se metió de volada a la casa, revolvió cajones y armarios, y sacó las libretas con los registros.

Cecilia las fue hojeando una por una, anotando sus propias recetas debajo de las fórmulas que él había utilizado.

Sus métodos no eran muy diferentes a los de Abel, pero eran mucho más arriesgados y efectivos.

Un pequeño cambio en las dosis hacía toda la diferencia del mundo.

No es que él estuviera mal, simplemente le faltaba la destreza que la muchacha demostraba.

—No se torture pensando así, señor.

Cecilia lo consoló:

—Usted era su esposo, le tocó ver cómo la consumía el dolor.

—Es lógico que no se atreviera a recetarle tratamientos muy agresivos para evitarle más sufrimiento.

—Además, cuando se trata de curar a la propia esposa, uno le da mil vueltas al asunto por el miedo a equivocarse, y por eso su enfoque fue más conservador.

—¡No fue su culpa!

Fabio al menos entendía por qué Abel de pronto la trataba tan bien, pero Pol estaba que no entendía ni madres.

¿Qué chingados había pasado? Abel no solo estaba más platicador, sino que ¡ya le decía «Ceci» a la escuincla!

Con eso la ponía al mismo nivel de respeto que ellos, ¿cómo se suponía que iba a interactuar con Fabio ahora?

Le hizo señas a Abel con los ojos, preguntándole qué onda.

Fue entonces cuando Abel le aclaró el malentendido: le explicó que la joven era una doctora de primera y, por si fuera poco, alumna del mismísimo Rodrigo.

Casualmente, en el pasado, Abel había tenido la oportunidad de conocer a Rodrigo junto a su propio padre.

Al enterarse de que Cecilia era la última discípula del maestro Serrano, le agarró aún más aprecio.

Pol también se quedó con la boca abierta al enterarse del linaje de Cecilia.

—Siempre dicen que las habilidades del maestro Serrano son... de otro nivel —dijo Pol, levantando el pulgar en señal de aprobación.

—Nunca tuvimos el honor de conocerlo en persona, pero ya veo que su alumna no se queda atrás.

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