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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 731

Se rumoreaba que Cecilia ya había roto lazos definitivamente con la familia de Arturo.

Como parte de la familia Ortiz, probablemente Cecilia tampoco los quería ver ni en pintura.

Era mejor que Delfina fuera sola, como amiga; de todos modos, ellos estaban ocupados.

—Mejor no vayas, tu papá está muy ocupado y tú tienes que quedarte en casa a cuidar a tu hermano.

—Mamá, te cuento que le encontré cartas de amor en la mochila, y para colmo, él se las escribió a alguien más. Seguro ya anda de novio.

—Tienes que darle una buena regañada. Ya está en primero de prepa, ¿acaso no piensa entrar a la universidad?

Al escuchar esto, ¡Wilma pensó que de ninguna manera!

Era flexible con la educación de su hija porque pensaba que, con el dinero de la familia, bastaba con que de grande se convirtiera en la esposa de un hombre rico.

¡Pero con su hijo era diferente!

Él tenía que ser el pilar de la casa.

Si se la pasaba de vago, sin estudiar, en el futuro no serviría para nada. ¿Acaso pensaba quedarse en casa viviendo a costa de sus padres?

—¡A este escuincle ya le cansó la vida! ¡A su edad y ya anda de enamorado!

Como era de esperarse, la atención de Wilma se desvió por completo.

Josefina regresó a su habitación tarareando, pensando en qué se pondría la noche siguiente.

Como estarían presentes los directivos y los maestros de la preparatoria, no podía ir muy llamativa.

Pero tampoco era capaz de arreglarse de manera demasiado sencilla.

Desde que nació había vivido rodeada de lujos; antes no quería que Cecilia la opacara, y ahora simplemente ya se había acostumbrado a vestir con elegancia.

Ah, claro, tampoco podía robarle el protagonismo a la festejada.

Quién sabe qué se pondría Cecilia al día siguiente.

Era gracioso pensarlo. Antes siempre competía con Cecilia por todo, y ahora, al contrario, no quería opacarla.

Cecilia no sabía lo que pasaba por la mente de Josefina; de lo contrario, le habría dicho que sus estilos eran completamente distintos.

Aunque Josefina quisiera robarle la atención, no tendría oportunidad.

Físicamente no se parecían en nada, y su porte era muy diferente.

Sin embargo, otros sí sabían que La Belle Cuisine era un restaurante exclusivo sumamente famoso.

Era de esos lugares donde uno no conseguía reservación por más que quisiera.

Quién sabe qué contactos habría movido Cecilia para lograr rentar el lugar entero.

Los maestros llegaron puntuales, aunque se sentían un poco intimidados en un sitio como aquel.

Por suerte, Raúl, quien antes había asistido a las juntas de padres de Cecilia, llegó desde temprano y se encargó de recibir a los invitados.

Al ver a los maestros, los acomodó con entusiasmo en sus asientos.

Los sentaron a todos en la misma mesa. En esta ocasión, no estaban en un comedor privado, sino en un salón de eventos pequeño.

Ese salón estaba destinado exclusivamente para banquetes; normalmente no estaba abierto al público y era muy raro que alguien lograra reservarlo.

El director de la preparatoria, en cambio, sí había estado un par de veces en La Belle Cuisine.

Le sorprendía que una joven como Cecilia tuviera tanta influencia. Definitivamente, nunca se debía subestimar a nadie.

Menos mal que en la escuela no le hicieron caso a los berrinches de Ivana para expulsar a Cecilia.

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