—Te amo.
El Ceo sonríe, era una sonrisa genuina, de eso Catrina no tenía la mayor duda. Siempre sonreía cuando ella le decía te amo.
—Eres una chica mala, bebé.
Besa la boca de Catrina con suavidad entre tanto su verga continuaba dentro de su cuerpo, no paro de moverse ni por un segundo hasta que logra oír como los jadeos de ella se aceleran cada vez más.
Acelera las embestidas hasta que ella suelta el aliento contenido en un ronco gemido cargado de placer puro y natural.
El Ceo siente las uñas de su mujer clavándose en su espalda, le desgarraba la piel, una muestra de que su orgasmo era tan penetrante que esa era su única forma de expresarlo y hacérselo saber.
La penetra con más ímpetu provocando que ella gima con fuerza hasta que finalmente suelta el aliento contenido acompañado de una sonrisa perversa y satisfactoria.
Él se deleita con aquella visión tan hermosa que lo lleva a ser malicioso con Catrina, muerde su labio como gesto pícaro, obliga a su mujer a darse la vuelta una vez que ella hubiera terminado con sus espasmos.
Ocupa una almohada bajo el vientre de Catrina consiguiendo que sus nalgas se elevaran un poco, alza la mirada y percibe como a ella se le marca una leve sonrisa en los labios que se apaga contra la otra almohada.
El Ceo separa los muslos de ella para luego inclinarse quedando frente a frente con el trasero de Catrina, toma ambos glúteos con las manos y las abre, Dorian termina pasando su lengua por el medio de este, su mujer da un respingo ante el contacto.
No se detiene, continúa lamiendo y estimulando esa parte tan sensible para Catrina, luego recorre con su lengua el sendero hasta llegar a la altura de los labios de aquella vagina que se mostraba húmeda, brillante e hinchada.
Con la misma lengua separa esos labios que le impedían disfrutar de la esencia de su mujer, cuando se hace con el lo saborea con mucha calma, entre tanto su dedo pulgar juega un papel importante sobre el pequeño orificio anal de Catrina.
—¡Ahhh! Dorian —la castaña gime contra la almohada.
Catrina oprime las manos contra la tela de la sabana de la almohada mientras que se desvive del placer al sentir la lengua de su amante en su vagina y el dedo del mismo en su ano. Era demasiado placer junto.
Eleva un poco más su culo debido a que la sensación de querer llegar de nuevo era inminente. Frunce el ceño y abre sus labios lo que permite que un hilo de baba se filtrara entra la tela y la almohada.
—Dorian… Dorian…
Él no se detiene ante sus suplicas y prosigue lamiendo y disfrutando de la intimidad de su mujer, era tan dulce y adictiva.
Cuando la oye jadear con más pujanza, es el momento indicado para alejarse de ella, se incorpora, pero sin dejar de masturbar el ano de Catrina. Se arrodilla dejando las piernas de ella entre las suyas propias.
Acerca su pelvis contra las nalgas de ella y con la mano ayuda a separar los glúteos de su mujer, al mirar aquel ano su sangre hierve.
Escupe justo en el agujero observando como su saliva se desliza hacia abajo, la punta de su cabeza se encontraba expectante ante lo próximo. La avecina al orificio oscuro y poco a poco la misma va adentrándose.
—¡ahhh! —Catrina se queja del dolor, pero solo mantiene oprimida la almohada para soportar.
Dorian entra un poco más, ya para ese momento coloco sus manos sobre la cadera de ella entra tanto la penetra. Observa detenidamente como su pene se va perdiendo en el interior de ella.

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