Catrina solo puede asentir ante aquella cogida, cada vez que Dorian se ponía creativo terminaba con el cuerpo adolorido. La mujer sonríe y niega.
A nadie podía engañar a ella le encantaba.
Escucha la llave de la regadera y es cuando piensa que debe ponerse en pie, quizás una ducha también la ayudara.
Al hacerlo visualiza la ropa de su marido en el suelo, la recoge para dejarla sobre la silla, pero cuando se lleva cada prenda al cuerpo para amontonarla percibe un aroma algo delicado, curioso, sofisticado y hasta peligroso.
Catrina aleja la ropa como si esta fuese una serpiente venenosa. Parpadea varias veces y hasta frunce el ceño, de la nada su corazón empieza a latir con frenesí. Traga saliva y mira hacia la puerta del baño.
La llave seguía abierta.
Pero la joven regresa la vista hacia la ropa y con lentitud la acerca a su nariz, de inmediato olfatea el olor del perfume de Dorian, era indiscutible, sobresaltaba entre los aromas, sin embargo, existía un toque distinto en aquellas prendas.
—¿Qué?
No era el de ella, esa mañana se fue y ella no usaba perfume, no se habían visto en todo el día hasta la noche, y esa noche ella tampoco llevaba loción en el cuerpo. Descarto rápido la idea de que fuese de ella.
Por ende, era de otra… mujer.
—¿Quién? —frunce el ceño.
Sabía perfectamente que su secretaria no era la causante de aquel aroma, la conocía de hace muchos años, de hecho, eran amigas, ella la recomendó con Dorian. Y encima de que ella estaba casada.
¿Quién era esa mujer?
El perfume estaba por todas partes del saco de Dorian, indicándole que o ella abrazo a Dorian, o ambos se estaban abrazando, o ellos…
—¡No! Claro que no, esto tiene que ser otra cosa, ¿una cliente? ¿socia?
Rebusco en su cerebro alguna socia que tuviera, o una clienta en especial, pero hasta donde sabia no existía alguna.
—pero, ¿de dónde salió este aroma?
Era un perfume muy sofisticado, y bastante desapercibido, pero tan potente como para quedarse en la ropa de otra persona aun cuando esta llevaba su propia loción.
—¿Acaso si estaba con una mujer anoche?
Aquella idea le acelero el corazón, el alma, la vida entera. Porque era posible que el hombre que vio en la fiesta fuese él con esa mujer de manicura elegante y dedos alargados.
Ahora que lo pensaba bien.
Catrina huele la parte de atrás del saco y el aroma se intensificaba mucho en esa parte, luego en la parte de la manga y el aroma era aún más fuerte, de la nada ella suelta la prenda que cae al suelo.
La mira como si esta le fuese hacer mucho daño.
De hecho, le estaba causando bastante daño sin siquiera tocarla.
—bebé, ¿porque no vienes y te duchas conmigo? —escucha la voz de Dorian desde el interior de la ducha, pero ella no responde.
No era posible que Dorian la estuviera engañando con esa mujer de piel clara.
—¿bebé? ¿te has quedado dormida? —insiste y ella mira hacia allá.
—No, no, dame un momento.
Relame sus labios y se reprime las ganas de llorar, no podía hacerlo, es que ni tenías las pruebas necesarias para culparlo de infidelidad.
Pero…
¿y el aroma a perfume de mujer en su ropa?

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