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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 669

Cuando Carlos se enteró de lo que había pasado, se llenó de un profundo remordimiento.

—¡Maldito Alfredo! Con lo bien que me caía antes y lo buena persona que creía que era... ¡Jamás me imaginé que fuera semejante animal!

—Ya cálmate, estoy bien. No tienes que enfadarte tanto.

Celia se sirvió un vaso de leche caliente. Carlos la miró con preocupación.

—Si hubo una primera vez, va a haber una segunda. ¿Quién nos asegura que esto no volverá a pasar?

Celia levantó la barbilla, haciéndole una seña hacia la ventana.

—¿Ves ese auto que está estacionado allá afuera?

Al escucharla, a Carlos también le pareció extraño.

—¿De quién es ese auto? Nunca lo he visto por aquí.

—César lo envió aquí.

Ella acarició el borde del vaso de vidrio antes de darle un sorbo a la leche. Carlos bajó la mirada y murmuró sin entender:

—Pero ya te divorciaste de él, ¿no?

—¿Y porque nos divorciamos ya no le puedo sacar provecho? Él puso a una persona de su confianza ahí. Yo no se lo pedí. —Celia se mostró sumamente tranquila—. Si tengo a un guardaespaldas gratis cuidándome la entrada sin que me cueste un solo peso, sería una tonta si no lo aprovecho. Lo único es que no sé qué tan bueno sea este regalito.

Carlos se sorprendió. ¿Por qué sentía que su hermana se había vuelto un poquito más astuta y calculadora?

En ese preciso instante, Tomás, quien estaba envuelto en una cobija dentro de la camioneta comiendo sopa instantánea, soltó un estornudo. ¡Sintió la clara vibra de que alguien estaba hablando a sus espaldas!

***

Dos días después, Zack y Alfredo se reunieron con David en el privado de un restaurante de comida japonesa. David notó el moretón y la inflamación que Alfredo tenía en la mejilla y le preguntó, arrugando el entrecejo:

—Alfredo, ¿qué te pasó?

Zack también le lanzó una mirada de reojo. Ya se imaginaba a grandes rasgos sobre cómo se había hecho esa herida en la cara sin necesidad de preguntarle.

—Seguro se volvió a pelear con alguien por ahí. Con ese carácter que se carga, aún no aprende a medirse.

David tomó una rebanada de salmón y la colocó en su plato.

—Es muy joven, y siendo hombre, es normal que ande en pleitos sin importancia. Qué lástima que yo solo tenga una hija. Si tuviera un hijo, me gustaría que se hiciera amigo de Alfredo.

Zack sostuvo su copa con una sonrisa, hablando con un tono lleno de añoranza:

Capítulo 669 1

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