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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 670

Alicia bajó la mirada por el puro instinto de evadir esos ojos tan intimidantes, y habló, titubeando:

—Alfredo...

Al contemplar el aspecto tan temeroso y sumiso de la muchacha, Alfredo de pronto soltó una risa cargada de desprecio. ¿Qué demonios estaba esperando? No era más que una farsante que poseía una apariencia similar, nada más.

—Olvídalo. Más vale que te grabes muy bien en la memoria todo lo que te acabo de decir hoy. Mientras hagas bien tu trabajo, la deuda que tiene tu madre con los usureros no será ningún problema.

Alfredo le dio una tarjeta de acceso residencial.

—Durante un tiempo vas a ir a vivir a este departamento. Mañana voy a mandar a alguien para que compre todo lo que vayas a necesitar.

Justo cuando Alicia estiraba ambas manos para recibirla, Alfredo arrojó la tarjeta en su palma con evidente impaciencia. Luego, la dejó ahí sola y se fue por su cuenta.

Al contemplar la tarjeta de acceso que llevaba grabado el logotipo de un complejo residencial de lujo, sintió un profundo desprecio por sí misma. Le parecía que había tenido que vender su propia alma y su conciencia para poder obtener todo aquello.

***

Mientras tanto, Carlos acompañaba a Celia a hacer compras en el centro comercial. Al pasar por una tienda de artículos para bebés, la mirada de Carlos se sintió atraída de inmediato por la ropa infantil que estaba exhibida en el aparador.

—Celia, ¿qué crees que vaya a ser el bebé que llevas en la panza? ¿Niño o niña?

Ella siguió la dirección de su mirada y sonrió con ternura.

—¿Tantas ganas tienes de ser tío?

—¡Pues claro, voy a subir de rango en la familia! ¡Por supuesto que tengo ganas! —Carlos se sostuvo la barbilla, pensativo—. Me pregunto qué tipo de ropa sería mejor para mi sobrinito, como el regalo de su nacimiento.

Celia sonrió con resignación.

—Aún es muy pronto para pensar en esto. Ya lo veremos después.

A pesar de sus palabras, en el trayecto desde el cuarto hasta el segundo piso del centro comercial, los dos terminaron deteniéndose casi exclusivamente en las tiendas de artículos para bebés.

Por otro lado, Macarena iba bajando por las escaleras eléctricas acompañada de una vendedora que cargaba una gran cantidad de bolsas de marcas de lujo. Al volver la cabeza, divisó a Celia saliendo de una tienda de juguetes infantiles junto a un hombre joven.

—Tú...

—Carlos, cuando estamos fuera de la casa hay que ser más educados. —Celia interrumpió las palabras de Macarena con total serenidad, adoptando una postura como si estuviera reprendiendo a su hermano—. Especialmente con las personas de edad avanzada. Ella es la señora de la familia Herrera, no es alguien con quien debas meterte.

Macarena pareció haber registrado únicamente las palabras "edad avanzada". ¡Lo que más detestaba en esta vida era que la gente mencionara los años que tenía en su presencia! Apretó los dientes y le advirtió a Celia entre dientes:

—Celia, no vayas a creer que porque ahora eres la gran heredera de los Rojas te voy a tener miedo. Por más poder que tenga tu familia, no van a poder armar ningún alboroto en la capital.

—Señora, creo que está bromeando. Me parece que en ningún momento la he ofendido. Al contrario, es usted la que se la ha pasado provocándome. —Celia mantuvo una sutil sonrisa—. Ya hasta va a terminar haciéndome creer que mi familia de verdad es tan poderosa como para tenerla así de intimidada.

La sonrisa de Macarena desapareció.

—No cantes victoria. En cuanto me deshaga de César, me voy a encargar de ti poco a poco.

Dio la vuelta con arrogancia y se fue directamente del lugar. Celia arrugó el entrecejo de inmediato. En ese preciso momento, recordó el compromiso entre Rocío y Alfredo. Por lo visto, la familia de Macarena se había aliado con los Suárez, y su único objetivo era destruir a César.

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