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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 675

Nicole continuó:

—¿Sospecha que ella trabaja para David y Macarena?

César colocó el informe sobre el escritorio.

—¿Crees que se parece a Celia?

—Un poco, pero cuando la miro con atención, no tanto. —Nicole observó la fotografía por unos instantes y, de pronto, cayó en la cuenta—. ¿Es un plan de la familia Suárez?

Incluso si David y Macarena quisieran poner a una mujer al lado de César, jamás buscarían a una que se pareciera a Celia. Después de todo, ellos conocían bien cómo era César. Pero cuando se trataba de la familia Suárez, era una historia diferente. Y ese truco parecía el estilo de Alfredo. Nicole volvió en sí y le preguntó:

—Entonces, ¿qué hacemos con esta mujer?

—Hay que seguirles el juego.

—¿Y qué pasará con Celia?

César guardó silencio por un momento. Sus dedos golpearon suavemente el escritorio mientras hablaba:

—Ya que nos vamos a divorciar, hay que hacerlo parecer real.

Al escucharlo, Nicole comprendió de inmediato sus intenciones y asintió con la cabeza.

—Entendido.

Dicho esto, se retiró de la oficina.

César contempló el panorama a lo lejos a través de la ventana. Su nuez de Adán se movió levemente. Esa partida de ajedrez que llevaba tanto tiempo postergada en su interior finalmente podía comenzar…

***

Al mismo tiempo, Carlos no regresó a casa en toda la noche y Celia no logró comunicarse con él por celular. Justo cuando se encontraba preocupada buscando la manera de contactar a alguien de su empresa, recibió una llamada de la delegación de policía.

—Yo te creo. Solo necesito que me digas si lo hiciste o no.

—¡De verdad que no le hice nada! Anoche tomé demasiado y Julián me llevó a un hotel... Pero no tengo idea de por qué ella estaba en mi habitación, ni siquiera la conozco. Te lo juro, ¡anoche no tenía la menor conciencia! Si estoy mintiendo, ¡aceptaré que me atropelle un auto y muera, o que jamás tenga paz en mi vida! ¡Incluso que me quede impotente para siempre!

Llegó al extremo de pronunciar una maldición así de severa para demostrar su inocencia. Celia dirigió la mirada hacia la muchacha que había estado guardando silencio. En cuanto la joven se encontró con sus ojos, bajó la cabeza por puro instinto para evadirla.

—Oye, muchacha. Todavía estás estudiando, ¿verdad? Esto tiene que ver con tu pureza. Como la persona afectada, por favor, dime, ¿mi hermano de verdad te hizo algo? —Celia buscaba con urgencia obtener una respuesta de la joven.

La mujer de mediana edad se interpuso de inmediato frente a ella.

—¡Los hechos están a la vista! Nosotros lo presenciamos con nuestros propios ojos. ¿Acaso pretendes salvar a tu hermano de su culpa?

Celia la refutó con una voz firme y llena de autoridad:

—¿Lo que se ve tiene que ser necesariamente la realidad? ¡Lo que yo exijo es la verdad!

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