▪︎ EPÍLOGO ▪︎
Jalo, izquierda. Jalo, derecha.
Levanto,
introduzco, bajo. Jalo, izquierda, jalo
derecha. Sonrío satisfecho y miro mi
grandiosa creación con orgullo.
-Mami en serio pensó que no podría
hacerlo, vamos a demostrarle quien
manda-murmuro hacia la pequeña
rubia de tres meses quien simplemente
me mira con sus grandes ojos mieles
Le coloco su pequeño vestido y
calcetines para luego tomarla entre mis brazos, besar su mejilla y caminar
hacia nuestra habitación, donde Franchesca se encontraba mirando la televisión.
Entro con la frente en alto y ella alza
sus cejas hacia mi, aclaro mi garganta y le guiño un ojo
- Simplemente nací para esto-bromeo y
ella ríe.
-Es bueno saberlo, supongo que tu
podrás hacerlo de ahora en adelante.-
este dice y yo abro mis ojos como
platos.
-Uh, aunque la verdad es que creo que
ha sido un golpe de suerte- corrijo y
ella niega su cabeza com una sonrisa.
Me acerco a ella y me recuesto con mi
bebé encima. La recuesto entre nosotros
dos con mucho cuidado y Rose saca un biberón de algún lado y le da a esta,
quien comienza a beber de este sin dudarlo.
Sonrío ante la tierna escena y siento
mi
corazón acelerarse. Tres meses y aún no
me acostumbro a tanta felicidad y belleza, Parece un sueño.
-Es tan hermosa- Franchesca susurrmientras acaricia la pequeña mano de
mi bebé.
Asiento con orgullo y la miro
directamente. Su cabello estaba atado en una coleta, pero aún así había
pequeños mechones de cabello cayendo
por su rostro.
Había ligeras ojeras debajo
de sus ojos, sus mejillas y labios no
tenían tanto color rojizo como antes.
Estaba cansada, podía verlo a
kilómetros, pero jamás se había quejado. Ni una sola vez.
Emory lleva tres meses en nuestras
vidas, si no contamos los nueve de embarazo, claro está, y tengo que admitir
que aunque es el ser más perfecto y maravilloso de este planeta, no ha sido
nada fácil el cambio de una simple pareja a padres.
Yo me tomé unos días cuando recién
nació, pero luego tuve que volver a la empresa y terminar los contratos de
América, por lo que Franchesca ha estado
cuidando de ella día y noche sin parar.
Siempre es ella la que se despierta en
las noches cuando Emory comienza a llorar, la que le da de comer, la que limpia
sus pañales. Y no he escuchado una sola queja de su parte, siempre
hace todo con una sonrisa a pesar de su
cansancio.
Yo acaricio la mejilla de mi esposa
quien me mira con ternura.
-Prometo que estaré más presente a
partir de ahora-susurro y ella ladea
su rostro confundida. -Yo te ayudaré a
dormir a Emory a darle de comer, y
también comenzaré a despertarme aunque llore en la madrugada.- prometo y Franchesca
sonríe levemente para luego negar con su
cabeza.
—¿Tan mal luzco?- me pregunta y
yo ruedo mis ojos.- Ignacio estoy bien,
entiendo que tengas trabajo que hacer.
Lo mínimo que puedo hacer es cuidar a
mi bebé- dice sarcástica y yo
entrecierro mis ojos-. Estoy enamorada de esta niña, Ignacio. Créeme que dormir
poco vale completamente la pena si es para verla a ella, no tienes porque
preocuparte por mi, estoy completamente bien. Tengo un
esposo maravilloso, una hija preciosa
y un padre que parece amar a su nieta,
porque siempre viene a visitarla-rie.
sonrío de lado y hago un mohín.
-Igual, también es mi trabajo como
padre. Sin importar la cantidad de cosas que tenga que hacer, mi hija siempre
ira primero y hasta ahora no lo he cumplido. Así que al carajo, dime, ¿qué
necesitas, amor? – pregunto y ella suelta una pequeña risa para luego
entrelazar nuestras manos.
—Sólo te necesito a ti y a Emory. Nada
más- se encoge en hombros y yo hago
un puchero de ternura. Entonces ella
entrecierra sus ojos hacia mi y sonríe. alzo mis cejas—. Aunque... Quizás haya
algo que puedas hacer por mi- susurra y
yo chasqueo mi lengua.
—Lo que mi reina pida-murmuro, ella
sonríe ampliamente.
Entonces toma a Emory entre sus brazos
para luego salir de la
habitación y volver segundos después
sin ella. De un segundo a otro, Franchesca coloca sus piernas a cada lado de mis caderas,

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