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Daddy romance Capítulo 72

SEGUNDA TEMPORADA

CAPÍTULO 22

Suspiro con mis ojos cerrados, inhalando el aire fresco de

Santorini.

No puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido, y aquí

nos encontrábamos nosotros dos.

Ignacio tenía sus brazos cruzados por

detrás de su cabeza, unos lentes de sol

y una gorra que lo hacían lucir caliente

como el infierno. Sin contar el hecho de

que podía deleitarme con su pecho ya

bronceado de toda la semana. Muerdo

mi labio inferior y abro mis ojos para

encontrarlo justo en la posición que lo

había mirado hace ya un rato.

—Luces muy sexy-admito, él gira

levemente su cabeza hacia mi y sonríe.

Giro mi cuerpo hacia mi costado derecho, quedando mi vista

hacia él.

Nuestras sillas de bronceo estaban solo unos centímetros de

separación lo cual me permite acariciar su mejilla. Sonrío.

-Y tu sigues siendo hermosa-susurra

y yo entrecierro mis ojos. No pienso sonrojarme, no voy a

sonrojarme.- Pero en ese traje de baño, tu culo luce

jodidamente delicioso-aquí vamos.

Mis mejillas comienzan a arder y sé que, a pesar del ardor

del bronceado, me he sonrojado. Ignacio sonríe orgulloso y entrelaza nuestras

manos. De un segundo a otro él me toma de la cintura y me jala fuertemente

hacia él, pasándome hacia su silla de bronceo.

Puedo sentir el calor de nuestros cuerpos mezclarse causando

que casi inmediatamente comencemos a

sudar. Ignacio toma mi mentón y me besa.

Sonrío entre el beso y no dudo en pasar

mis manos por su pecho.

-Hay niños por aqui- le recuerdo y él

toma mi culo entre sus manos.

-Que cierren los ojos.

No evito reír ante su respuesta y él hace

un mohín cuando me separo levemente

de él. Su mano había pasado de mi culo

hacia mi cintura, acariciando esta

levemente. Lo miro y acaricio su cabello, él cual ya tapaba

sus orejas. Muerdo mi labio inferior.

-¿Qué quieres hacer hoy?- me pregunta

y yo suspiro-Es nuestro último día aquí,

piensa bien en tu elección- me recuerda

y yo muerdo mi mejilla interior.

Comienzo a pensar en todas las cosas que podríamos hacer y

mi cabeza comienza a doler. Hay tantos lugares por visitar, tan- tos

restaurantes que podrían deleitarnos con sus platillos, pero en realidad,

podría conformarme con quedarme abrazada toda la noche abrazada de Ignacio.

Suspiro.

-Elige tu— pido y él arruga su frente.

—Pero yo he elegido toda la semana-me

recuerda y yo hago un puchero con mis

labios—. Vamos cariño, debe haber algo

que quieras hacer. Piensa un poco-rasco mi nuca ante su

petición.

-Es sólo que, podría ser cualquier cosa y

yo sería feliz. Podemos incluso no hacer

nada y eso estaría más que perfecto,

mientras sea contigo-me encojo en

hombros y él hace una pequeña mueca de confusión.

-En serio tienes alma de viejita.

Abro mis ojos como platos y él suelta una fuerte carcajada.

Yo no evito aprovechar mi momento de brillar y me levanto, tomando mis cosas y

comienzo a caminar hacia nuestra habitación. Puedo escuchar las risas detrás de

mi y mentiría si dijera que no me era difícil evitar reír yo también.

Junto mis labios en una línea firme y una vez en la puerta

de la habitación, me introduzco. Camino hasta la recamara y dejo mis cosas en

el suelo.

Puedo escuchar la puerta de la habitación ser abierta y yo

trato de pensar rápidamente en algo. Entonces abro mi maleta, saco una toalla y

un traje de baño rojo. Una vez que noto la presencia de Ignacio en la

habitación, me introduzco en el baño para deshacerme de mis prendas e

introducirme en la ducha de agua fría, disfrutando la sensación.

Cierro mis ojos mientras paso mi cabello hacia atrás y trato

de sacar cualquier rastro de arena que se encontrara en este

Entonces entre abro mis ojos y confirmo lo que mi mente me

estaba

diciendo casi a gritos: él estaba parado

frente a la ducha.

Su espalda recargada, en la pared, sus brazos cruzados sobre

su pecho y sus labio siendo relamidos.

Por dentro estoy brincando de felicidad

mientras que por fuera me muestro

serena.

Tomo el shampoo y comienzo a esparcirlo por mi cuero

cabelludo,

cerrando mis ojos por completo. De un

segundo a otro escucho la puerta de la

ducha ser abierta y no evito morder mi

labio inferior cuando siento la piel de

Ignacio chocar contra mi espalda. Sus

manos acarician mis caderas mientras sus labios viajan por

mi cuello. Suspiro.

-Tu no tocarías a una viejita- gruño y él

muerde mi cuello.

-Mírame hacerlo.

Quisiera soltar una carcajada pero es

justo cuando su mano se posiciona en mi parte íntima y

comienza a acariciar mis pliegues, causando que suelte un leve gemido. Sus

grandes y ásperas manos acarician los costados mi cuerpo de una manera tan

encantadora. De pronto sus labios comienzan a descender a la par que su tacto y

es cuando abro mis ojos que noto como su anatomía se acercaba cada vez más al

suelo, colocándose de rodillas y mordiendo levemente mi culo.

Gruño y él, de un fuerte jalón a

mis caderas, logra girar mi cuerpo. Él

estaba empapado en agua, las gotas aún

caían sobre su cabeza y aún así me mira directamente a los

ojos con una sonrisa descarada, causando que un escalofrío recorra mi espina

dorsal.

De un segundo a otro, él me toma de las

caderas y acerca su rostro a mi intimidad, sin dejar de

mirarme y juro que esta vista era el paraíso. Su lengua y la mezcla de agua

fría logran que yo cierre mis ojos y eche mi cabeza hacia a causa placer puro.

Gemidos y suspiros no paraban de salir de mi boca y no me evito enredar mis

dedos en la cabellera rizada de Ignacio

De pronto, cuando pienso que nada de

esto podría ser mejor, una de sus manos pasa de mi cadera

hasta mi feminidad, introduciendo dos dedos y comenzando a embestirlas en mi.

-Mierda, Ignacio—mi boca suelta, por

pura inercia.

Puedo sentir una pequeña risa salir de su boca, pero él no

para de hacer esas maravillas peculiares que me fascinaban hasta que yo llego a

mi

orgasmo, gimiendo su nombre. En cuanto esto sucede, él besa

mis dos piernas y se coloca sobre sus pies para luego besar mis labios.

-Así es como se toca a una viejita.-

bromea y yo no evito golpear su pecho

con una sonrisa en mi rostro.

Una vez que terminamos rápidamente

de ducharnos, ambos salimos para luego secar nuestros

cuerpos y colocarnos simplemente ropa interior. Recostamos nuestros cuerpos en

la cómoda cama de sábanas blancas y yo apoyo mi rostro en el pecho de mi

apuesto novio, jugando con sus dedos.

Incluso después de salir de la ducha, podía oler ese

delicioso aroma

que poseía. Embriagante y cautivador por naturaleza.

—Escuché por ahí que hay un barco que da un recorrido

maravilloso por el mar, y que la cena es deliciosa- este susurra de pronto.

Alzo mi mirada para encontrarme

con sus ojos verdes peridoto. Si, como

la piedra preciosa. Sus ojos tienen esa

tonalidad verde oscuro que distingue al

peridoto y que fascina con sólo verlo.

Pero lo que más tiene parecido con Ignacio es que son

bastante menospreciados si los comparamos con

otros, como la esmeralda. Supongo que

he tenido mucho tiempo para pensar esta semana

–. Podemos ir si no tienes nada

en mente- este dice simplemente y yo

asiento.

-Suena maravilloso.

******************************

La tarde fue sumamente tranquila.

Ignacio y yo simplemente estuvimos en

nuestra habitación, admirando la vista

de Santorini por la gran ventana.

Cuando le mencioné que quizás deberíamos ir a disfrutar el

aire fresco y los sitios él me detuvo, prometiéndome volver pronto para

disfrutarlo. Incluso cuando mi mente

me reprendía y me recordaba como los

momentos no vuelven, que este día jamás volverá a repetirse,

me fue imposible decirle que no a Ignacio

Mucho menos cuando se veía tan cansado y tan tierno. Pensé

que querría una siesta pero en realidad, él simplemente observaba la ventana

con

detenimiento. Sus labios formaban un

muy adorable puchero mientras sus cejas se alzaban de vez en

cuando.

-¿En qué piensas? - le pregunto a lo

que él parece salir de su burbuja para así mirarme.

Él me observa unos segundos, como si estuviera escaneando mi

rostro,

buscando algo en particular. Sonríe.

— Nada importante- simplemente

responde y yo frunzo el ceño levemente, pero lo dejo pasar.

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