—Emilio, no me digas «amor».
Claudia estaba furiosa. Emilio, sin embargo, mantenía esa sonrisita en el rostro.
—Ya, ya, mi vida, no te enojes.
Y dicho esto, la abrazó por la cintura.
La mirada de Javier se ensombreció.
Claudia estaba que echaba humo, pero con Javier presente no podía echar a Emilio a patadas. Así que lo empujó hacia la recámara principal, cerró la puerta de un golpe y le echó llave por fuera.
Luego se volvió hacia la entrada.
—Javier, ¿quieres pasar?
Javier negó con la cabeza.
—¿A qué venías?
—Estoy preocupado —dijo él—. Me enteré de que anoche te atacó un borracho.
Claudia recordó que, mientras daba su declaración en la comisaría, Vicente la había llamado. Por el ruido de fondo supo dónde estaba y, al insistir, se enteró de todo.
—Ya estoy bien —dijo Claudia, sorprendida—. ¿Viniste solo por eso?
—He estado fuera de viaje, acabo de aterrizar esta mañana. En cuanto supe, vine para acá —explicó Javier.
Claudia notó entonces la maleta detrás de él. Realmente venía llegando. Se sintió conmovida.
—De verdad estoy bien. Por suerte me encontré con Emi... con el señor Salazar.
Javier adivinó lo que había pasado. No hizo más preguntas sobre eso.
—Este complejo es muy viejo, no es seguro —comentó.
—Sí, ya pienso mudarme.
Las escenas en el campus quedaron casi listas. Solo faltaba esperar a que anocheciera para la última toma escolar, que era crucial: el vals de los protagonistas en la azotea, bajo un cielo estrellado, culminando en un beso romántico.
—Pónganle ganas, traten de que salga a la primera —pidió el director.
—La señorita Chávez es bailarina profesional, seguro sale a la primera —sonrió Emilio.
Para Claudia, bailar un vals era pan comido.
La luz de la luna convertía la azotea en un sueño plateado. Claudia, descalza, sentía el frío del cemento. La mano de Emilio se posó en su cintura con la distancia justa que exigía el personaje.
El director gritó acción. La música y el viento marcaron el compás. Se movieron con elegancia; él guiaba con la contención del personaje, ella giraba con la timidez y emoción requerida. Todo perfecto.
Al terminar el último paso, el guion indicaba que él debía bajar la cabeza y besarla.
Claudia alzó el rostro, sintiendo su respiración tibia acercarse...
Al ver esa cara tan cerca, Claudia sintió un vuelco en el corazón. El recuerdo de sus besos apasionados le inundó la mente.

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