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De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce romance Capítulo 21

Claudia y Emilio cruzaron miradas.

Al ver ese rostro tan familiar, Claudia se sintió aturdida por un instante.

Pero fue solo eso, un instante.

La mirada de Claudia se desvió rápidamente hacia Diego.

En ese momento, Diego mantenía una expresión impasible, aunque por dentro estaba gritando de pánico.

«Señora, ya cobró su quincena, invite a su marido a cenar. ¿Para qué quiere invitarme a mí?».

Diego sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Sin embargo, por fuera, mantuvo la cortesía profesional:

—Claudia, no es necesario que gastes, es parte de mi trabajo.

—Diego, de verdad quiero invitarte.

Claudia siempre había sido una persona sincera. Si alguien la trataba bien, ella lo guardaba en su corazón.

Diego ya estaba sudando frío. Ni siquiera se atrevía a mirar a Emilio de reojo.

Solo pudo inventar una excusa rápida:

—Mejor otro día, esta noche voy a cenar con mi novia.

Diego no tenía novia.

Dijo eso, por supuesto, para demostrar su lealtad frente al gran jefe.

Al escucharlo, Claudia no sospechó nada y respondió con alegría:

—¡Ah, bueno! Entonces invito otro día.

Raúl, que pasaba por ahí, soltó de repente:

—Diego, ¿desde cuándo tienes novia?

La cara de Diego se congeló al instante:

—No es tu asunto.

Raúl, sintiéndose regañado injustamente, replicó con cara de víctima:

—En todo el departamento, solo eres amable con Claudia.

Al oír esto, Diego sintió que su fin estaba cerca.

Y efectivamente, un segundo después escuchó la voz de Emilio:

—Diego, a mi oficina.

Al ver que el rostro de Emilio se suavizaba, Diego soltó el aire que tenía contenido. Ser su secretario era el trabajo más difícil del mundo. No sabía que el gran jefe podía ser tan celoso.

Si lo hubiera sabido, jamás habría tomado la iniciativa de ocultar su relación. Hubiera sido mejor fingir que no sabía que Claudia era la esposa del jefe.

Emilio ordenó:

—Ya que no tienes novia, acompáñame al compromiso de esta noche.

—Entendido.

Emilio tenía una cena de negocios importante.

Claudia, al salir de la empresa, se quedó mirando el depósito de su nómina en el celular, sonriendo como tonta un buen rato. Ya le había compartido la buena noticia a Oscar, pero su marido tenía una cena de negocios esa noche.

Claudia había querido aprovechar ese hueco para invitar a Diego, pero no se pudo.

Hoy estaba realmente contenta y quería celebrar con alguien. Llamó a su mejor amiga, Dolores Carrasco.

En cuanto Dolores escuchó que le habían triplicado el sueldo, inmediatamente vio la oportunidad de gorrearle la cena.

—Quiero comer cangrejo al licor en el Gran Hotel de la Paz, llevo mucho tiempo antojada.

Claudia apretó los dientes:

—Está bien, pero solo puedes pedir media orden.

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