El Gran Hotel de la Paz era considerado el lugar más exclusivo de Costa Verde, ubicado junto al río con una vista nocturna impecable.
Dolores llegó corriendo como un torbellino. Se bebió un vaso de agua de un trago, jadeando.
—No vas a creer a quién acabo de ver. A Verónica Espinoza, la gran estrella Verónica. Lástima que sus guardaespaldas la tenían rodeada y no pude sacar la exclusiva.
Dolores trabajaba como reportera de espectáculos en una cadena de televisión. A Claudia le encantaba escuchar los chismes de la farándula que ella le contaba.
Verónica, claro que la conocía, era una actriz galardonada internacionalmente.
—¿Verónica no estaba filmando en Hollywood? ¿Qué hace aquí?
—Escuché el rumor de que Verónica va a ser la imagen de Automóviles Innovación, volvió para firmar el contrato.
—¿Innovación?
¿Esa no era la marca de autos del Grupo Salazar?
Dolores seguía hablando sin parar:
—El agente de Verónica es un tiburón, quién sabe cómo le hizo para organizar una cena y tratar de emparejar al señor Salazar con Verónica. Básicamente, vino a ver si logra pescar al soltero de oro.
Al escuchar el nombre de Emilio, a Claudia le brillaron los ojos.
—¿Dices que nuestro gran jefe está aquí esta noche?
Dolores, que conocía perfectamente la situación de Claudia, respondió:
—Son rumores, pero vi a Verónica con mis propios ojos, así que debe ser cierto.
Dolores notó la expresión pensativa de Claudia y comentó:
—Parece que te interesa mucho tu jefe.
Claudia comió un bocado de postre de arándanos:
—¿No te había dicho que mi jefe se parece mucho a mi marido?
Dolores le restó importancia:

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce