Mariana estaba furiosa.
—¿Qué tiene Claudia que no tenga Luciana? Luciana es gentil, educada, crecieron juntos y te adora.
Emilio siguió respondiendo con indiferencia:
—Ella tendrá todo eso, pero no la amo. Solo amo a Claudia.
—¿No has visto cómo se pone Claudia cuando pierde el juicio? Si Luis muere, se volverá loca de nuevo. La última vez perdió la memoria, ¿qué será esta vez? ¿Desorden mental? ¿Se volverá una psicópata? ¿Vas a pasar tu vida con una enferma mental?
Mariana trató de convencerlo:
—Emilio, soy tu madre, soy la persona más cercana a ti en este mundo. No te pediré nada más en la vida, solo esto: tienes que divorciarte de Claudia.
Emilio azotó su pluma contra el escritorio.
—No entiendo. ¿Por qué? ¿Por qué tienes que interferir en mi vida? Claudia es mi esposa, somos una familia feliz. ¿Por qué te empeñas en separarnos? Dices que somos madre e hijo, pero ¿por qué cada vez que estoy cerca de la felicidad tienes que interponerte?
—Puedo renunciar a todo, te puedo dar las acciones del Grupo Salazar. Todos estos años te he obedecido en todo, ¿por qué tienes que separarme de ella?
Mariana gritó:
—¡Porque Claudia no te merece!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce