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De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce romance Capítulo 44

Los hombres se quedaron en el comedor hablando de política y economía, mientras las mujeres iban al jardín a tomar té y admirar las flores.

El jardín era enorme y hermoso, lleno de plantas exóticas y rosas de Concordia perfectamente alineadas.

En el centro del jardín había una pantalla al aire libre que proyectaba momentos de los veinte años de matrimonio del señor y la señora Lemus.

La señora Lemus trajo personalmente las galletas artesanales para que todas las probaran. Le agradaba mucho Claudia.

Sostuvo la mano de Claudia todo el tiempo:

—Llevo veinte años casada con mi marido y nuestra relación siempre ha sido buena. Lo único que lamento es que siempre quisimos una hija, pero tras intentarlo tantos años, no tuvimos éxito. La primera vez que vi a la señorita Chávez sentí que se parecía mucho a la hija de mis sueños.

Las personas alrededor comenzaron a adular.

—Ahora que lo dice, la señorita Chávez sí tiene un aire a usted, señora Lemus.

—Eso sí que es el destino.

—¿Debería adoptarla como su protegida, señora Lemus.

Los ojos de la señora Lemus se iluminaron al escuchar eso:

—Es una excelente idea.

Claudia estaba desconcertada:

—Gracias por su aprecio, señora Lemus, pero no creo merecerlo.

La señora Lemus respondió:

—Mi esposo admira mucho al señor Salazar y siempre ha querido que fuéramos familia. Por eso tratamos de juntar a Alicia con él, pero lamentablemente ese deseo no se cumplirá. Sin embargo, si tú te conviertes en mi ahijada, volveremos a ser familia y mi esposo estará muy contento.

La señora Lemus era muy entusiasta.

—Claudia, ¿quieres ser mi ahijada?

Le gustaba de verdad, especialmente esos ojos grandes y puros.

Ella y el señor Lemus habían tenido una hija alguna vez, pero la niña murió al poco tiempo de nacer. Ese era el dolor de su vida.

Habían pasado muchos años y lo único que la señora Lemus recordaba eran los ojos grandes y vivaces de su bebé.

Ante la mirada esperanzada de la señora Lemus, Claudia no supo cómo negarse.

La señora Lemus la quería, sí, pero probablemente le gustaba más su estatus como futura señora Salazar.

Al final, todo era una estrategia social de la clase alta.

Aunque celosas, todas mantuvieron la sonrisa y dijeron palabras de felicitación.

Excepto Verónica.

Tenía la cara verde del coraje.

No entendía cómo alguien podía tener tanta suerte.

Ya era bastante que Emilio se fijara en ella, pero ahora la señora Lemus, conocida como la madrina de la moda internacional, quería adoptarla como ahijada.

Verónica se había esforzado tanto para llegar a ese círculo.

¿Por qué Claudia, una persona común y corriente sin ningún brillo, podía subir al cielo de un solo paso?

Verónica habló de repente:

—Señora Lemus, me temo que la señorita Chávez no podrá aceptar su amabilidad, porque si se casa con el señor Salazar estaría cometiendo un delito. ¡Bigamia!

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