Esa sola frase silenció el ambiente animado y cálido.
Nadie dijo una palabra.
A Claudia le dio un vuelco el corazón.
Lo que más temía finalmente había sucedido.
Verónica estaba acostumbrada a ser el centro de atención. En ese momento, hasta lo disfrutaba un poco.
Se acercó paso a paso a Claudia.
—Señora Lemus, la persona que tiene enfrente es una hipócrita de doble cara y muy calculadora. No merece su atención ni su afecto.
El rostro de la señora Lemus se puso serio.
—Señorita Espinoza, hay que ser responsable con lo que se dice. No puede calumniar a la gente así nada más.
Verónica estaba preparada. Había esperado este momento para que todos vieran la verdadera cara de Claudia.
—Todas han sido engañadas por la señorita Chávez. Ella ya está casada, pero hace todo lo posible por seducir al señor Salazar. Supongo que, hasta ahora, el señor Salazar también ha sido engañado.
Todas mostraron cara de asombro.
Las miradas hacia Claudia cambiaron drásticamente.
De la envidia pasaron al chisme e incluso a las ganas de verla caer. Todas parecían esperar un buen espectáculo.
La señora Lemus no tenía buena cara. Se giró hacia Claudia, esperando una explicación:
—Claudia, ¿es verdad que estás casada?
Hoy, Claudia asistía como la novia de Emilio. Eso era innegable.
Si realmente estaba casada y Emilio no lo sabía, entonces era muy probable que fuera una seducción premeditada.
Innumerables miradas inquisitivas se clavaron en Claudia como cuchillos.
Se sentía como en una ejecución pública.
Como si estuviera en el banquillo de los acusados.
Si lo negaba, se convertiría en una mentirosa patológica; no podía negar su matrimonio con Óscar.
Pero si lo admitía, confirmaría la acusación de Verónica.
Nadie le daría la oportunidad de explicarse.
La reputación de Emilio también se vería afectada por su culpa.

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