Al escuchar las palabras de Fabián, Belén sintió que un escalofrío le helaba el alma.
Pero, aun así, ya no le importaba discutir.
A estas alturas, ¿qué más podía esperar?
Mientras él estuviera dispuesto a firmar el divorcio, eso era más que suficiente.
Al ver que Belén no respondía y parecía perdida en sus pensamientos, Fabián sonrió con ironía y dijo:
—¿Qué pasa? ¿Acaso crees que el acuerdo que redacté no te favorece?
Al escuchar su voz, Belén reaccionó. Extendió la mano hacia él y dijo:
—Dame el bolígrafo.
Fabián se quedó paralizado, sin poder creerlo.
La miró, con los ojos llenos de sorpresa y desconcierto.
Esta vez, era él quien no podía procesar la situación.
¿Por qué Belén estaba tan tranquila?
¿No quería divorciarse de él precisamente para sacarle más dinero?
Y Belén, por su parte, creía que la única razón por la que él se había negado a darle el divorcio en el juzgado era para ahorrarse pagarle una pensión.
Él sabía que ella estaba desesperada por separarse, así que la había acorralado para obligarla a firmar bajo sus términos hoy mismo.
Al ver que Fabián no se movía, Belén repitió con paciencia:
—Fabián, te dije que me des el bolígrafo.
Fabián parpadeó y pensó para sí mismo: *Seguro me está poniendo a prueba.*
Así que le entregó el bolígrafo sin dudarlo.
Mientras Belén lo tomaba, Fabián todavía esperaba que ella empezara a reclamar o a negociar.
Pero Belén no dijo ni una palabra. Le quitó la tapa al bolígrafo y, con total determinación, firmó su nombre en el acuerdo de divorcio.
Al terminar, tapó el bolígrafo, empujó los papeles hacia él y dijo:
—Ya firmé.
Fabián bajó la mirada. Era la primera vez que se fijaba de verdad en la letra de Belén.
Era una caligrafía impecable, delicada y elegante.
—Enseguida —asintió el mesero.
Desde su mesa, Fabián la escuchó pedir comida y no pudo evitar soltar una risa fría.
No tardaron en llevarle el jugo y la pasta.
Sin importarle en lo más mínimo sus modales, Belén empezó a devorar la comida, haciendo ruido a propósito al sorber los fideos.
Al escucharla, Fabián frunció el ceño.
A Belén le daba igual si él se sentía incómodo o no. Sacó su celular para revisar si tenía mensajes o llamadas de Tobías, pero no había nada.
Pensó que seguramente estaba ocupado, así que decidió no molestarlo.
Justo en ese momento, sonó el celular de Fabián.
Al mirar la pantalla, vio que era Leonel.
Al contestar, Fabián miró de reojo a Belén. La forma en que comía no era nada elegante, de hecho rozaba lo vulgar. Su ceño se frunció aún más.
—¿Señor Fabián? —se escuchó la voz de Leonel al otro lado de la línea.
—¿Qué pasa? —preguntó Fabián, volviendo en sí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....