Belén entendió su indirecta de inmediato, pero no se atrevió a responderle de frente. Simplemente desvió la mirada y murmuró:
—Ya que estás bien, me voy a casa.
Al escuchar esto, Tobías la abrazó con más fuerza.
—¿Qué pasa? ¿Me abrazas y ahora no te quieres hacer responsable?
Belén bajó la cabeza y respondió por instinto:
—Quisiera, pero yo...
Pero aún no estaba divorciada, todavía no podía permitirse tener sentimientos por él.
Su voz fue tan tenue que casi se desvaneció en el aire.
Tobías sintió que ella había dicho algo, pero no logró escuchar con claridad. Inclinó la cabeza y, frotando su barba incipiente contra la frente de ella, le preguntó:
—¿Qué dijiste?
Belén negó con la cabeza.
—Nada.
Al ver que no quería dar detalles, Tobías no insistió. Continuó haciéndole cosquillas con la barba mientras le sugería:
—Quédate a dormir en mi casa esta noche. Yo llamaré a Leandro para explicarle la situación.
Ante eso, Belén se apresuró a contestar:
—Tobías, si Leandro se entera, me va a matar.
La mirada que Tobías dirigió hacia Belén se volvió repentinamente feroz, y su voz se tornó gélida:
—¿Que se atreva a tocarte? Yo mismo me encargo de él.
Lo dijo con absoluta confianza y una actitud imponente.
Belén lo observó fijamente, intentando encontrar algún rastro de inseguridad en sus ojos.
Pero antes de que pudiera descubrir alguna emoción oculta, el celular de Tobías comenzó a sonar de repente.
Él sacó el aparato y le echó un vistazo. Qué casualidad, era una llamada de Leandro Soler.
Al ver la pantalla, toda la dureza que Tobías había mostrado en su rostro desapareció por completo, como si se hubiera evaporado.
Belén también vio el identificador de llamadas. Era su hermano.
Al notar que Tobías no parecía tener intenciones de contestar, no pudo evitar recordárselo:
—De acuerdo, la llevo ahora mismo. Ella está muy bien, no te preocupes por nada.
La voz de Leandro resonó fría antes de concluir:
—Mhm, te dejo.
—Que descanses, Leandro —se despidió Tobías.
Tan pronto como terminó la frase, Leandro cortó la llamada desde el otro lado.
Belén, de pie detrás de Tobías, no pudo evitar sonreír al ver lo sumiso y respetuoso que se había mostrado con su hermano.
Tobías guardó su celular y se giró hacia ella, pero antes de que pudiera decir algo, Belén le preguntó con tono burlón:
—¿No que no le tenías miedo?
—Aclaremos algo, no es que le tenga miedo a Leandro. Es que temo que se preocupe por ti —se justificó Tobías con total seriedad.
Pero, en el fondo, Belén lo entendía todo. Si Tobías no estuviera tan profundamente enamorado de ella, alguien con su estatus y posición jamás habría necesitado ser tan condescendiente con Leandro.
Era precisamente por ella que él respetaba tanto a su familia.
Y eso era algo que Fabián jamás sería capaz de hacer.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....