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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1019

A la mañana siguiente, justo cuando el cielo comenzaba a clarear, Belén ya estaba despierta.

Hoy se cumplía el tercer día desde la biopsia de médula de Hugo, el día en que entregarían los resultados.

En cuanto abrió los ojos, Belén ni siquiera se quedó remoloneando en la cama; se levantó de inmediato.

Tras arreglarse y asearse, bajó a la planta baja.

Leandro ya estaba sentado en la sala, revisando unos documentos. Al verlo, Belén lo saludó:

—Buenos días, Leandro.

Leandro apenas levantó la vista de sus papeles y no le respondió el saludo.

Pero al notar que Belén estaba lista para salir, no pudo evitar preguntarle:

—¿A dónde vas tan temprano?

—Hugo está internado en el hospital, voy a verlo —respondió ella.

Belén decidió no dar detalles sobre la enfermedad de su amigo.

Leandro asumió que se trataba de un malestar menor, así que no indagó más y simplemente dijo:

—Entonces ve con cuidado y vuelve pronto.

—Entendido, Leandro —respondió ella.

Al salir de la mansión Soler, Belén tomó un taxi directo hacia el hospital.

Antes de llegar a la habitación, pasó comprando desayuno y algo de fruta.

Cuando entró a la habitación, Hugo ya estaba despierto. Se encontraba recargado contra la cabecera de la cama, prestando atención a lo que parecía ser un audiolibro sobre temas médicos.

—Hugo, ¿ya estás escuchando clases tan temprano?

Belén bromeaba mientras dejaba las cosas sobre la mesa de noche.

Al verla llegar, Hugo dejó su celular a un lado. Levantó la vista y le dedicó una sonrisa que no pudo ocultar; sus ojos brillaban con calidez.

—Sí, estaba un poco aburrido, así que puse algo para matar el tiempo.

Belén le devolvió la sonrisa. Destapó el desayuno que había traído y se lo acercó.

—Hugo, prueba este desayuno. Dicen que el lugar donde lo compré es muy popular.

Hugo miró el recipiente y le agradeció con total sinceridad:

—Gracias.

Belén asintió levemente y añadió:

—Voy a revisar cuántos sueros tienes programados para hoy.

El doctor Paredes dejó escapar un largo suspiro.

—Para este asunto, necesito hablar con su familia. Si tienes el contacto de algún familiar, por favor, ayúdame a comunicarme con ellos.

Belén se quedó paralizada un segundo, e intentó tantear el terreno con evidente preocupación.

—¿Es muy grave la situación?

El doctor Paredes evitó darle una respuesta directa y se limitó a decir:

—Existe una posibilidad de cura, pero qué tan grande sea esa oportunidad dependerá de qué tan alta sea la tasa de compatibilidad de la médula ósea.

Esas palabras fueron suficientes. Como doctora, Belén entendió el mensaje de inmediato: el diagnóstico de leucemia de Hugo estaba confirmado.

Tras un prolongado silencio, Belén se atrevió a preguntar:

—¿Y cuál es la tasa de supervivencia?

El doctor Paredes negó con la cabeza.

—Aún es demasiado pronto para hablar de eso. Lo más urgente ahora es descubrir cómo encontrar a un donante de médula compatible.

Al escuchar eso, Belén se arremangó la camisa sin dudarlo.

—Yo puedo hacerme la prueba.

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