Al no obtener respuesta, Tobías insistió.
—Cariño, te estoy hablando. Hazme caso.
Belén dudó un instante antes de responder con lentitud.
—Sí, estoy cómoda.
Sabía perfectamente que estaba cayendo en su trampa, pero aun así lo dijo.
Al escucharla, Tobías soltó una carcajada profunda y genuina.
Aprovechando la pausa antes de que añadiera algo más, Belén se apresuró a aclarar.
—Me refiero a que tu espalda es cómoda, a nada más.
Esa aclaración tomó a Tobías por sorpresa.
Sin embargo, su respuesta fue aún más rápida. Se detuvo en seco, giró el rostro hasta que su mejilla rozó la nariz de Belén, y con una expresión de total inocencia, murmuró:
—Yo tampoco hablaba de otra cosa. ¿Qué estabas imaginando tú?
Su rostro denotaba una seriedad impecable, como si jamás hubiera tendido aquella trampa.
Belén se quedó sin palabras. Consciente de que cualquier intento de defensa solo empeoraría las cosas, optó por el silencio.
Sabiendo que la había avergonzado, Tobías dejó de burlarse. La acomodó un poco más arriba y le preguntó con una sonrisa sutil.
—Entonces, ¿paso por ti mañana a las ocho?
Belén frunció el ceño, confundida.
—¿A dónde?
Tobías soltó una carcajada.
—A las aguas termales, ¿lo olvidaste?
A Belén le tomó un segundo recordar aquel plan.
—Ah, sí —asintió suavemente.
Tobías fingió indignación, aunque sin borrar su sonrisa.
—¿Qué pasa? ¿Cómo puedes olvidar algo que planeaste con tu marido?
Belén apoyó la mejilla en su espalda y murmuró con voz apagada:
—Todavía no eres mi marido.
Justo en ese momento, una ráfaga de viento dispersó sus palabras.
Tobías no logró escucharla con claridad y no insistió. Simplemente giró un poco la cabeza.
—¿Tienes frío?


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....