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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1037

Cuando los labios de Tobías se apartaron, Belén se sintió aturdida.

Por un instante, sintió un sabor a poco. Un deseo egoísta afloró en su pecho: quería que aquel beso durara un poco más.

Sus labios eran suaves, poseían una magia capaz de hechizarla.

Ese roce fugaz le supo a muy poco.

Tobías rodeó el auto y ocupó el asiento del conductor. Belén no se atrevió a mirarlo; su corazón repiqueteaba con la fuerza de un tambor, haciéndole temblar el pecho.

En el trayecto hacia la mansión Soler, Tobías condujo con una lentitud exasperante. Aunque la madrugada ya caía, se resistía a la idea de separarse de ella.

La idea lo atormentaba sin tregua: si pudiera llevarla al altar cuanto antes, ¿no se ahorraría esta amarga agonía de la despedida?

Pero, por más que se prolongara el camino, el destino final siempre aguardaba.

Poco después de la medianoche, el auto se detuvo frente a la mansión Soler.

Tobías se bajó para abrirle la puerta. Le tendió la mano y ofreció:

—Ven, te ayudo a bajar.

Belén miró su mano por un segundo antes de entrelazar sus dedos con los de él.

Tobías la sujetó con firmeza y la ayudó a salir.

El viento soplaba con fuerza, trayendo consigo una llovizna helada. Temiendo que Belén sintiera frío, se quitó el abrigo y se lo echó sobre los hombros.

Apenas lo hizo, la nostalgia se apoderó de él. La envolvió en un abrazo profundo, su rostro era un mapa de emociones: anhelo, devoción, apego...

Su voz, áspera y grave, resonó sobre la cabeza de Belén.

—Cariño, no le prestes mucha atención a lo que te dije. Entre nosotros, el descarado siempre seré yo. No te amargues por tonterías, ¿de acuerdo?

Belén presionó suavemente sus manos contra su cintura y alzó el rostro.

—Lo sé, ya debo entrar.

Él se resistía a soltarla.

Al ver sus facciones atractivas bajo la luz tenue, ella esbozó una sonrisa.

—No es como si no nos fuéramos a ver nunca más.

Era Alejandra.

—Belén, ya estoy abajo.

Belén se asomó por la ventana y vio el auto de Alejandra estacionado frente a la entrada.

Tras unos últimos retoques, bajó las escaleras.

Como ya había avisado la noche anterior, se despidió brevemente de las empleadas.

Al salir, notó que no solo estaba el auto de Alejandra, sino también el de Tobías.

Él estaba recargado en su vehículo, fumando un cigarrillo, pero al verla, lo apagó de inmediato.

El maquillaje sutil realzaba la belleza de Belén, dándole un aire distinto al de su habitual estilo natural.

Lucía resplandeciente, y para Tobías, era como un regalo caído del cielo.

Cada faceta de ella lograba enamorarlo aún más.

Se acercó, abrió la puerta del copiloto y le hizo un gesto de invitación.

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