Al ver que la expresión de Alejandra vacilaba, Tobías no dudó en echar más leña al fuego.
—Supongo que estará bien —dijo—. Aunque, bueno, casi se ahoga una vez. No creo que sea tan estúpido como para que le vuelva a pasar, ¿o sí?
—Tienes razón —secundó Esteban—. Además, solo lleva un par de minutos sin hacer ruido.
Pero Alejandra ya no podía soportar la ansiedad. Se puso de pie en el agua, con el rostro serio.
—Dejen de actuar, ustedes dos. Iré a enseñarle yo misma —sentenció.
Al escucharla, Tobías fingió alivio.
—En ese caso, se lo agradezco de antemano, Srta. Alejandra.
Esteban, mientras observaba a los niños divertirse a lo lejos, no dejó pasar la oportunidad de rematar la jugada.
—Si la Srta. Alejandra está dispuesta a ser su maestra, estoy seguro de que Mateo aprenderá en un par de días.
Alejandra no se molestó en contestarles. Solo miró a Belén.
—Voy a verlo. Si necesitas algo, llámame.
—De acuerdo, yo te aviso —asintió Belén.
Al lograr que Alejandra y Mateo estuvieran juntos por fin, Tobías intercambió una mirada cómplice con Esteban. Belén se dio cuenta de todo, pero prefirió guardar silencio.
Un buen rato después, el celular de Esteban empezó a sonar.
—Échales un ojo —le pidió a Tobías—. Voy a contestar arriba, es un cliente.
—Claro, ve tranquilo —respondió él.
Esteban salió del agua y se dio la vuelta para atender la llamada. En ese preciso momento, el pequeño Fabio se agarró el estómago con cara de angustia.
—Tío, me duele un poco la pancita.
Tobías se alarmó de inmediato.
—¿Qué pasa, campeón?
Con las mejillas encendidas de vergüenza, el niño murmuró:
—Tengo ganas de hacer popó.
Tobías lo sacó del flotador de un tirón.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....