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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1043

Al ver el rostro de Fabián, Belén sintió que el corazón le iba a estallar en el pecho. Entró en pánico y empujó su pecho con ambas manos, desesperada por escapar de aquella habitación ardiente.

Pero él se mantuvo plantado frente a ella como una montaña inamovible. Por más que Belén forcejeara, Fabián ni siquiera se inmutó.

La desesperación la invadió. Levantó la barbilla, clavándole una mirada furiosa.

—¡Fabián, quítate de mi camino! —exigió entre dientes.

Él bajó la mirada para observarla, pero no pronunció una sola palabra ni hizo ademán de moverse.

Al ver su mutismo y su postura desafiante, la angustia de Belén se disparó. Esa ansiedad, sumada al calor infernal del cuarto de vapor, hizo que una fina capa de sudor comenzara a cubrirle la piel. Sentía que se estaba derritiendo lentamente en aquel horno.

Con una calma que rayaba en lo escalofriante, Fabián sacó una cajetilla del bolsillo, extrajo un cigarrillo con movimientos expertos y lo encendió.

Le dio una calada profunda y, al exhalar, sopló todo el humo denso directamente a la cara de Belén.

El humo le irritó los ojos, poniéndolos rojos al instante, y le provocó un fuerte ataque de tos.

Cuando logró recuperar el aliento, lo fulminó con la mirada.

—¿Qué demonios quieres, Fabián? —le gritó, indignada.

Fabián seguía sin responder. Se limitaba a clavar sus oscuros e insondables ojos en el rostro de ella, fumando despacio. El humo comenzaba a llenar el reducido espacio, y la temperatura de la habitación parecía ir en aumento.

Belén llevaba puesto solo su traje de baño. Su cintura, sus piernas y la piel radiante de su pecho estaban expuestas de forma tentadora. Pequeñas gotas de sudor perlaban su cuerpo y su rostro brillaba por el calor extremo.

Él sostenía el cigarrillo a medio consumir, dejando que el humo siguiera flotando hacia ella. Belén, incapaz de aguantar más, estalló:

—¡Fabián! ¿Puedes dejar de fumar de una maldita vez?

Por fin, los labios del hombre se movieron.

—No.

Belén agitó las manos para disipar la nube gris que la asfixiaba.

—¿Qué es lo que buscas? ¡Dímelo ya!

Capítulo 1043 1

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