Cuando Fabián Rojas se puso de pie, Frida Arrieta también lo hizo por instinto.
Al verla levantarse, Fabián se apresuró a decirle:
—No tienes que subir, bajaré en cuanto termine la llamada.
Al escuchar eso, Frida no dijo nada más, solo soltó una suave sonrisa.
Fabián subió las escaleras y entró al estudio.
Se sentó en el escritorio un momento y, tras terminarse un cigarrillo, llamó a Mariana.
No pasó mucho tiempo antes de que ella contestara.
—Hasta que te acuerdas de llamar. Cualquiera diría que te quedaste huérfano —le reprochó Mariana de inmediato.
Fabián esperó a que terminara de hablar antes de preguntar:
—¿Ya terminaste?
Mariana hizo una pausa y luego respondió:
—Sí, ya terminé.
Sin dudarlo, Fabián continuó:
—Empieza a preparar todo. En una semana me casaré con Frida.
Al escuchar esto, un largo silencio se apoderó de la línea.
Mucho tiempo después, Mariana preguntó desconcertada:
—¿Dices que te vas a casar con Frida?
Fabián respondió sin titubear:
—Sí.
La ira se apoderó de Mariana al escuchar una respuesta tan seca.
—Creo que te has vuelto completamente loco —estalló.
—Lo he pensado muy bien y sé exactamente lo que estoy haciendo. Te llamo para avisarte, no para pedirte permiso —respondió él.
Al notar el tono con el que le hablaba, Mariana exclamó furiosa:
—Fabián, ¿a quién crees que le estás avisando? ¿Acaso perdiste la cabeza?
—La boda con Frida es un hecho. Estés de acuerdo o no, esta celebración se va a llevar a cabo —sentenció Fabián.
Ante tanta seguridad, Mariana replicó enojada:
—¿Qué clase de brujería te hizo esa mujer para tenerte así de ciego? Si hubiera sabido que esto pasaría, habría sido más...
—Qué linda eres, Cecilia. Muchas gracias —dijo Frida con ternura.
Dicho eso, tomó el panecillo de las manos de la niña.
Cecilia se apoyó en el brazo de Frida y dijo obedientemente:
—Pruébelo rápido, Srta. Frida, a ver qué tal le sabe.
Frida le acarició el cabello a Cecilia y le sonrió con dulzura.
—Si lo compraste tú, seguro que está delicioso.
Cecilia soltó una risita, pero al levantar la vista, de reojo notó que Fabián bajaba las escaleras. De inmediato se sentó derecha y llamó en voz baja:
—Papá.
—Mmm —respondió él, acercándose.
Al sentarse en el sofá, fijó su mirada en la niña y le dijo:
—Papá tiene algo que decirte.
El ambiente se volvió un poco denso y Cecilia, sin atreverse a seguir jugando, respondió con seriedad:
—Dime, papá.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....