Al ver que ella no respondía, Tobías le hizo una videollamada.
Cuando Belén contestó, se dio cuenta de que él seguía en la cama. Llevaba puesta una camisa de pijama de seda gris y tenía el cabello despeinado; a pesar de no haberse arreglado en lo absoluto, lucía escandalosamente guapo.
Al ver su rostro, el corazón de Belén dio un vuelco y sus mejillas se tiñeron de rojo. Desvió la mirada, incapaz de sostenerle los ojos.
A Tobías no le importó su timidez.
—Mi amor, te lo ruego —insistió—. Acompáñame a comprar un auto. Elegiremos el que más te guste.
—Pero, ¿por qué la prisa por comprar uno de repente? —preguntó ella, todavía confundida.
Tobías improvisó una mentira.
—Tuve un accidente y el auto quedó destrozado.
Belén se alarmó de inmediato.
—¿Tuviste un accidente? ¿Fue anoche? ¿Por qué no me dijiste nada?
Al notar su genuina preocupación, a Tobías le remordió un poco la conciencia y decidió confesar la verdad.
—Bueno, no fue exactamente eso. Es que Emilia se subió a mi auto anoche y... prefiero cambiarlo.
Un pinchazo de acidez recorrió el pecho de Belén.
Conocía muy bien esa sensación: eran celos.
Sin embargo, fingió desinterés.
—Ah.
—Acompáñame, por favor, te lo suplico —insistió él, sin rendirse.
Al final, ella no tuvo más remedio que ceder.
—Está bien, iré.
Una sonrisa triunfal iluminó el rostro de Tobías.
—Me arreglo rápido y nos vamos. Compraremos el que tú quieras.
Fabián se quedó mirando el celular, escuchando el pitido que indicaba el fin de la comunicación.
Recuperando la compostura, guardó el teléfono y sacó la caja del clóset.
Al abrirla, encontró un sinfín de fotografías suyas: algunas recortadas, otras tomadas a escondidas. También había sobres con cartas que decían "Para Fabián" y algunos pequeños obsequios.
Al ver todo eso, sintió como si una mano invisible le estrujara el corazón.
Experimentó una sensación de ahogo y opresión, algo que no lograba comprender.
Pero se convenció de que no podía ser cariño.
¿Cómo iba a importarle Belén?
La mujer a la que amaba era Frida.
Sí, amaba a Frida, no a Belén.
Se lo repitió varias veces en su mente, pero, a pesar de ello, su mano se extendió por voluntad propia y tomó uno de los sobres.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....