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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 253

Belén limpió el polvo del acuerdo de divorcio y se fue de la Vivienda Vista Clara.

Cuando llegó a la Mansión Armonía, estacionó el carro en la calle, sin entrar.

La Mansión Armonía, que una vez fue su hogar, con su hija y su esposo.

Pero ahora, la Mansión Armonía era el hogar de Frida.

Helena estaba adentro, y Belén no quería verle la cara, así que no entró.

Esperó en el carro durante casi una hora, hasta que el carro de Fabián se detuvo frente a la mansión.

Fabián bajó del asiento del conductor, abrió la puerta trasera, cargó a Cecilia y luego se dio la vuelta para ayudar a Frida.

Una vez que ambas bajaron, cerró la puerta.

Un hombre tan orgulloso, ahora dispuesto a rebajarse de esa manera.

Cerró el carro con seguro, y Fabián y Frida, tomando a Cecilia de la mano, caminaron juntos hacia la mansión.

Justo cuando estaban a punto de entrar, Belén bajó del carro y los llamó:

—Fabián.

Su voz los detuvo. No solo Fabián se detuvo, sino que Cecilia y Frida también se quedaron quietas.

No esperaban que Belén apareciera en la Mansión Armonía a esas horas de la noche.

Fabián se dio la vuelta y vio a Belén acercándose lentamente desde la calle. Su expresión era serena, sin rastro de tristeza ni alegría.

Cuando estuvo a unos dos o tres metros de Fabián, Belén dijo:

—Fabián, tenemos que hablar.

Fabián lo pensó un momento y luego se dirigió a Cecilia y a Frida.

—Adelántense, le digo un par de cosas y ahorita las alcanzo.

Cecilia, de pie frente a Frida, miraba a Belén con sus grandes ojos redondos. Por alguna razón, al escuchar la voz de su mamá, sintió un poco de alegría.

Pero su mamá ni siquiera la saludó, y eso la disgustó.

Así que cuando Fabián les dijo que entraran, soltó un bufido y entró a la mansión enfurruñada.

Frida, al ver la situación, también entró.

Belén vio la reacción de Cecilia y supo que a su hija ya no le importaba como madre.

Pero eso ya no importaba.

Una vez que Cecilia y Frida entraron, Belén, con la mano izquierda, le entregó el acuerdo de divorcio a Fabián.

—El contenido del acuerdo está incompleto. Mejor espera el que estoy preparando yo. No te preocupes, en cuanto esté listo, te contactaré de inmediato para que vengas a firmar.

Belén respiró hondo. Sentía un nudo en el pecho que apenas la dejaba respirar.

Casarse había sido tan fácil, pero divorciarse requería un trámite tras otro.

Se sentía extrañamente agotada, pero no podía decir nada.

El divorcio de mutuo acuerdo era la mejor opción. Si se iban a juicio, solo alargarían el proceso.

Fabián guardó el documento y caminó hacia la mansión. Después de unos pasos, se detuvo y se giró hacia Belén.

—¿Quieres entrar?

—No es necesario —lo rechazó Belén.

La Mansión Armonía ya no era su hogar. ¿Para qué iba a entrar?

Dicho esto, se fue.

Fabián la observó alejarse. Por alguna razón, le pareció que su brazo derecho se veía extraño, pero no supo decir por qué.

***

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