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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 339

Helena estaba furiosa. Empujó a Camila con fuerza.

—Camila, ¿qué clase de madre es ella? ¡Se la ha llevado arriba para pegarle! Si le hace daño a Cecilia, mi Frida se pondrá muy triste. ¡Suéltame, no me detengas, tengo que ir a ver a mi nieta!

A pesar de lo que decía Helena, Camila la sujetó con todas sus fuerzas.

—Señora Helena, la señora es una persona amable, no le pondrá una mano encima a Cecilia, no se preocupe.

Helena intentó zafarse por todos los medios, pero no pudo con la fuerza de Camila, así que se rindió.

Pero Camila no se fiaba y la siguió de cerca, vigilándola para evitar que subiera a causar problemas.

Arriba, Cecilia, agotada de tanto llorar, se quedó dormida en el sofá.

Belén la observó, con el corazón encogido.

Al verla dormida, la levantó y la acostó en la cama, cubriéndola con la manta.

Así, Belén veló el sueño de Cecilia, pensando en cómo debía educarla.

No supo cuánto tiempo estuvo sentada junto a la cama, cuando de repente oyó la voz baja de Fabián desde la puerta.

—Belén, sal un momento.

Belén pensó que lo había imaginado, pero al poco rato, la voz de Fabián volvió a sonar.

Confirmando que era él, Belén se levantó y salió.

Para no despertar a Cecilia, Belén llevó a Fabián a la habitación que antes compartían.

Al encender la luz, Belén vio que el tocador estaba lleno de productos para el cuidado de la piel y maquillaje.

Incluso las sábanas eran de un azul pálido, y toda la habitación desprendía un ligero perfume.

Fabián parecía un poco apurado.

—Quiero llevar a Cecilia al hospital.

Ya era muy tarde. Si iban al hospital a esas horas, volverían de madrugada.

Belén no sabía qué pretendía, pero se negó rotundamente.

—Es muy tarde, lo que sea, lo hablamos mañana.

—Frida dice que extraña a Cecilia, que quiere verla —explicó Fabián.

Al oír esto, Belén sintió una oleada de ira.

—Cecilia acaba de dormirse, y ya son las once.

Fabián, al ver la reacción de Belén, intentó razonar con ella.

Cayó al suelo y se golpeó la frente contra el piso.

En ese instante, sintió que todo le daba vueltas.

Fabián se miró la mano con incredulidad.

Se había dejado llevar por la prisa, pero no se había dado cuenta de la fuerza que había empleado.

Si Belén había salido despedida de esa manera, era evidente que la había empujado con mucha fuerza.

Al verla caer, se quedó perplejo por un momento. Luego, se agachó para ayudarla a levantarse.

—¿Estás bien? —le preguntó preocupado.

Cuando la ayudó a incorporarse, Belén veía estrellas.

El rostro de Fabián se veía distorsionado y borroso frente a ella.

No respondió. Fabián, pensando que estaba enfadada, se disculpó en voz baja.

—Lo siento, no fue a propósito.

Su voz le llegaba a Belén como un zumbido.

***

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