Tobías se giró para mirar a Belén. Ella seguía entre la multitud, cautivada por los acróbatas.
Así que se dirigió hacia el adivino.
Tras una breve negociación, le transfirió dos mil pesos.
Para entonces, el espectáculo de acrobacias había terminado. Belén miró a su alrededor, pero no vio a Tobías por ninguna parte.
En ese momento, sintió que alguien le tocaba el hombro.
—Preciosa, ¿me estabas buscando?
Belén se giró y vio a Tobías con las manos abiertas, de las que colgaba un collar.
La miraba con la cabeza ladeada y una sonrisa radiante y tierna.
La imagen le provocó un vuelco en el corazón, pero al instante siguiente, apartó la cara.
—Es muy tarde, vámonos.
Al ver que se iba, Tobías la tomó de la muñeca.
—Un rato más.
Belén bajó la vista hacia su brazo, sujeto por él, y dijo con seriedad:
—Suéltame primero.
—Entonces quédate un rato más conmigo —respondió Tobías.
—Está bien —dijo ella en voz baja.
Al oírla, Tobías la soltó, pero al mismo tiempo, le puso el collar en la mano.
—Lo vi en un puesto. No es nada caro, póntelo cuando quieras.
Belén sostuvo el collar en la mano. Aunque no solía comprar lujos, sabía que el collar que le daba Tobías no era ninguna baratija.
Se sentía incómoda aceptándolo, así que se lo devolvió.
—Tobías, puedo comprarme mis propias joyas, de verdad que no tienes que regalarme nada. Pero te agradezco el detalle.
Al ver que no lo aceptaba, Tobías lo tomó de vuelta.
Apretó el collar en su puño y, con una mirada sombría, dijo:
—Ya que no lo quieres, lo tiraré.
Dicho esto, lo lanzó con fuerza.
—Tobías, tú… —le espetó Belén, furiosa.
—Tú dijiste que no lo querías —respondió él con indiferencia.
Belén lo fulminó con la mirada.
—Aunque no lo quiera, costó dinero. ¿Cómo se te ocurre tirarlo así como si nada?
Al verla tan alterada, Tobías sonrió.
El hombre se acarició la barba.
—Siéntese, déjeme leerle el futuro.
—No, gracias —respondió Belén con una sonrisa, intentando rechazarlo amablemente.
Al ver que se negaba, el hombre insistió:
—No se preocupe, no cobro si no acierto.
Belén iba a negarse de nuevo, pero Tobías la empujó suavemente.
—Siéntate, a ver qué tonterías dice.
—Exacto, solo escuche —añadió el hombre—. Tómelo como una charla con un amigo.
Entre los dos, la convencieron.
Así que se sentó en la mesita.
El hombre le pidió su fecha de nacimiento y comenzó a hacer sus cálculos.
Unos minutos después, dijo:
—Señorita, usted estudió medicina, y aunque por ahora sus logros no son grandes, su destino está marcado por el éxito. Con el tiempo, se convertirá en alguien importante. Sin embargo, su matrimonio actual es una piedra en su camino. La consume mental y espiritualmente. Si sigue así, solo se agotará más y más. Es mejor cortar por lo sano y dejarlo ir cuanto antes…
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....