En la oscuridad, escuchó una voz suave y profunda.
—Soy yo.
Belén reconoció la voz de Tobías.
Desde el sofá, Alejandra también abrió los ojos. Al ver que era él, preguntó:
—Belén, ¿quieres que los deje solos?
Al oír que Alejandra pensaba irse, Belén la detuvo, asustada.
—¡No!
Tobías se sentó al borde de la cama, sin soltar la mano de Belén. Intentó mirarla, pero todo era un borrón en la penumbra. La luz era demasiado tenue; no veía nada con claridad, solo podía distinguir su silueta.
Aunque se había prometido no volver, al llegar a casa no pudo dormir. La imagen de Belén no se le iba de la cabeza.
Así que decidió hacerle caso a su corazón y fue a buscarla.
Se inclinó un poco, fijando su mirada intensa en el contorno borroso del rostro de Belén.
—¿Estás segura? —le susurró.
Alejandra sintió la tensión en el aire y decidió intervenir.
—Belén, habla con el señor Tobías. Yo vuelvo en un rato.
Dicho esto, salió y cerró la puerta con cuidado.
El silencio se apoderó de la habitación.
Después de un largo rato, Tobías no pudo más.
—¿Estabas embarazada?
Belén intentó retirar la mano, pero Tobías la sujetaba con fuerza. Ella tampoco podía verlo bien, solo distinguía el perfil de su rostro en la oscuridad.
—Tobías, no tengo por qué responder a esa pregunta.
La respuesta lo enfureció. Le apretó la mano con más fuerza y se inclinó sobre ella.
—Dime, ¿sí o no?
Al inclinarse, el peso de su cuerpo no solo la dejó sin aliento, sino que también presionó sus heridas.
Un gemido de dolor se le escapó a Belén, un sonido que intentó reprimir.
—Entonces voy a buscar a Fabián —dijo Tobías, desesperado—. Seguro que él sabe algo.
Apenas terminó de hablar, Belén respondió de inmediato.
—Fueron Mariana y Cintia.
Al oír esos nombres, Tobías se estremeció ligeramente.
—¿Cuándo fue? —preguntó en voz baja.
—Hace… hace dos noches —respondió Belén, con la voz quebrada.
Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
Verla llorar le partió el corazón, pero al mismo tiempo, sintió una rabia inmensa.
—Si no hubiera venido hoy, ¿nunca me lo habrías contado?
Belén apretó los labios, sin responder.
—¡Belén, contéstame! —insistió Tobías, levantando la voz.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....