Frida se giró para mirar a Lucas. Se quedó atónita por un momento antes de responder, casi como un eco tardío:
—Ah, lo siento.
Lucas ni siquiera la miró mucho. Con un tono indiferente, le dijo:
—No pasa nada.
Dicho esto, se alejó aún más de ella.
En ese instante, Frida tuvo la certeza absoluta de que la persona que le gustaba a Lucas no era ella.
La escena de la propuesta de matrimonio era muy animada. Incluso Fabián se dejó llevar por el ambiente romántico.
De los cuatro, solo Frida tenía la mente en otro lugar.
Después de ver los globos elevarse hacia el cielo, Fabián buscó a Frida con la mirada. La vio a un lado, con una expresión melancólica, así que se acercó y le preguntó:
—¿No te sientes bien?
Al escucharlo, Frida se giró hacia él y forzó una sonrisa.
—Un poco.
Fabián la tomó del brazo.
—Hace frío aquí afuera. Vámonos.
—Está bien —asintió ella.
Fabián la guio fuera de la multitud.
Edgar no estaba de humor para seguir viendo el espectáculo. En cuanto Frida se fue con Fabián, su ánimo decayó.
Solo Lucas seguía completamente absorto en el romanticismo de la escena, incluso fantaseando con el día en que él le pediría matrimonio a la chica que amaba.
***
Fabián condujo de regreso a la Mansión Armonía. Apenas estacionó y se bajó del carro, una sombra salió disparada de la esquina de la entrada.
Antes de que Fabián pudiera reaccionar, la persona lo agarró de los brazos con fuerza, diciéndole con voz temblorosa y llena de pánico:
—Hermano… ¡Tobías es un loco! Cin… Cin…
En ese momento, Frida bajó del lado del copiloto.
Al cerrarse la puerta, miró a la sombra y dijo, vacilante:
—¿Cristian?
Fabián pisó el acelerador y el carro se alejó de la entrada de la Mansión Armonía.
Se detuvo en un paraje desolado, bajó la ventanilla y sacó un cigarro de la cajetilla para encenderlo.
Entre nubes de humo, se giró para mirar a Cristian.
—¿Qué pasó con Tobías?
Cristian se volvió hacia Fabián. Tragó saliva y dijo, con la voz temblorosa:
—Tobías… a Cintia Ramírez… le… le quitó la mano derecha.
Fabián dio una calada profunda al cigarro. Su expresión, velada por el humo, se volvió compleja. Arqueó una ceja y preguntó:
—¿Y luego?
Cristian sudaba profusamente, lleno de ansiedad y miedo.
—Hermano, tienes que ayudarme. Cintia le contó todo a Tobías. Estoy seguro de que no me dejará en paz.
Al oír esto, Fabián arrojó el cigarro por la ventana con un gesto brusco. Se giró, con un torbellino oscuro en la mirada, y le espetó a Cristian con dureza:
—Entonces, cuando estabas haciendo todas esas estupideces, ¿por qué no pensaste en las consecuencias?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....