Belén quiso negarse, pero antes de que pudiera decir una palabra, Fabián ya estaba llamando a Leonel para darle las instrucciones.
Poco después, el carro se detuvo frente al edificio del Grupo Rojas.
Fabián, como todo un caballero, bajó primero y le abrió la puerta del copiloto a Belén.
Le ofreció la mano. Ella dudó un instante, pero al final dejó que la ayudara a salir.
En la entrada de la empresa, varios empleados presenciaron la escena.
De inmediato, los murmullos comenzaron a extenderse.
—Oigan, ¿y esa quién es?
—¿Estoy viendo bien? ¿Nuestro señor Fabián trajo a otra mujer a la oficina?
—¿Es la señorita Frida? No me parece que sea ella.
—¡Dios mío, y hasta le abrió la puerta!
—Se ven muy cercanos, ¿no? ¿La señorita Frida lo sabrá?
Cuando Fabián entró al vestíbulo de la mano de Belén, el murmullo cesó de golpe.
Sin embargo, en cuanto Belén puso un pie adentro, las miradas que recibió estaban cargadas de todo tipo de emociones.
Confusión, envidia, indiferencia…
Fabián no hizo ningún intento por disimular. No quería soltar la mano de Belén.
Incluso cuando subieron al elevador privado del presidente, siguió sujetándola.
Fabián observaba su reflejo en la pared del elevador con la mandíbula tensa.
Belén intentó liberar su mano, pero al ver que él no la soltaba, fijó su vista en el reflejo de Fabián.
—Fabián, ¿podrías soltarme un momento?
Él se giró y la miró desde arriba. Al notar sus mejillas sonrojadas, una sonrisa se dibujó en su rostro.
—Claro, si me llamas “esposo”.
Belén frunció el ceño, lo miró y le espetó:
—Qué ridículo.
Al ver su total indiferencia, Fabián sintió una punzada de dolor.
Hubo un tiempo en que un simple suspiro suyo habría bastado para que ella le preguntara insistentemente qué le pasaba.
Pero ahora, aunque le dijera que la quería o que la amaba, ella solo mostraría incredulidad y desdén.
No estaban en su caja, sino sueltos en el cajón.
Parecía que ya se habían usado varios y esos eran los que quedaban.
Belén cerró el cajón y dejó de buscar.
Después de más de una hora estudiando, sentía la cabeza pesada.
Decidió recostarse en el sofá para descansar un poco.
Y sin darse cuenta, se quedó dormida.
Poco después, un grito furioso de Fabián resonó desde fuera de la puerta:
—¡Largo!
El grito la despertó de golpe.
Justo cuando abría los ojos, Fabián entró a la sala de descanso.
Belén lo miró y vio su rostro sombrío.
No sabía qué había pasado, pero su expresión era francamente aterradora.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....