Al ver que Gabriela estaba tan tranquila, Belén sintió que quizás se estaba ahogando en un vaso de agua.
Después de un largo rato, asintió levemente:
—Sí...
En la televisión, la protagonista de la novela pasaba por una escena cómica y Gabriela se reía a carcajadas.
Sentada al otro extremo del sofá, Belén, en cambio, se secaba las lágrimas a escondidas.
Gabriela notó que algo andaba mal, levantó la vista y le preguntó:
—¿Por qué lloras?
Belén negó con la cabeza sin querer dar detalles.
Gabriela, que ya empezaba a conocerla, decidió no presionarla.
Mientras la serie seguía de fondo, Belén no le prestaba ni la más mínima atención a la historia.
En ese preciso instante, se escuchó un ruido proveniente de la puerta principal.
Antes de que Belén pudiera reaccionar, una voz profunda y ronca llamó:
—¿Mamá?
No había duda, era la voz de Tobías.
Belén giró la cabeza hacia la puerta y vio a Tobías entrando desde el pasillo.
Llevaba un abrigo abierto, luciendo imponente como siempre, aunque en su rostro se notaban los estragos del cansancio y una barba de varios días comenzaba a asomarse.
Aun así, seguía viéndose increíblemente guapo.
Belén lo vio, y en el mismo instante, él cruzó su mirada con ella.
Pero sus reacciones fueron completamente opuestas.
Al verla, los ojos de Tobías se llenaron de pánico y confusión. Intentó darse la vuelta rápidamente, queriendo huir de allí.
Belén, por su parte, se levantó de un salto. Se quedó mirándolo fijamente por unos segundos y, de repente, sus piernas se movieron solas. Salió corriendo hacia él.
Uno quería escapar, avergonzado de que lo viera en ese estado tan lamentable. La otra, en cambio, sentía la inmensa alegría de recuperar lo que creía perdido.
Al escucharla llorar, Tobías entró en pánico. Se olvidó por completo de su orgullo y de su mal aspecto, se giró rápidamente, la miró y le preguntó con extrema dulzura:
—Oye, ¿por qué lloras así de la nada?
Mientras hablaba, levantó la mano y, con el pulgar, comenzó a secarle las lágrimas que le corrían por las mejillas.
Pero cuanto más la consolaba, ella lloraba con más fuerza.
Esta vez, Tobías se angustió de verdad. Se inclinó hacia ella, con el corazón roto y lleno de culpa, y le susurró:
—Belén, por favor, no llores más... Solo estaba bromeando.
Belén levantó el rostro. Con los ojos rojos e hinchados, lo miró fijamente y le gritó:
—¡Tobías, eres un mentiroso!
Dicho esto, se puso de puntillas y hundió los dientes en su hombro.
No se contuvo ni un poco. Lo mordió con todas las fuerzas que tenía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....