Al oír sus palabras, Belén sintió una punzada de molestia y le espetó enfadada:
—Si sigues así, voy a gritar.
Tobías arrojó la tarjeta negra de Fabián a la basura del probador. Volvió a entrelazar los dedos sobre el abdomen de Belén y, rozando su lóbulo con sus labios cálidos, le dijo:
—Grita lo que quieras. Toda la gente de afuera trabaja para mí. Nadie se atreverá a entrar si no se lo ordeno.
La rabia de Belén aumentó.
—Tobías, tú…
Tobías la abrazó con más fuerza, como si quisiera fundirla con él. No le dio oportunidad de hablar, y mientras lamía la punta de su oreja, le suplicó:
—Por favor, solo déjame abrazarte un rato.
Sus palabras dejaron a Belén un tanto desconcertada.
—Pero si ya llevas más de diez minutos abrazándome —dijo en voz baja.
—Solo diez minutos… —replicó Tobías—. Quiero abrazarte toda la vida, sin soltarte ni un instante.
Belén suspiró, pero no dijo nada.
Al ver su silencio, Tobías continuó:
—Quiero dormir un poco.
Su voz sonaba ronca y profunda.
Una extraña preocupación se apoderó de Belén y, sin pensarlo, le preguntó:
—¿Qué pasa?
—Anoche no dormí nada —respondió él.
Recordando las palabras de Fabián esa mañana, Belén preguntó con cierta duda:
—He oído que le quitaste un negocio a Fabián.
Tobías nunca había pensado en ocultarle nada a Belén, así que respondió con sinceridad:
—Sí.
Belén frunció el ceño, confundida.
—¿Por qué?
—Por ti.
El cuerpo de Belén se tensó. Comprendió el significado de sus palabras y no siguió preguntando.
Tras un momento, volvió a preguntar con cautela:
Pero sabía que no tenía otra opción, así que empezó a vestirse a espaldas de él.
Tobías no se dio la vuelta, pero al oír el susurro de la ropa, su corazón se aceleró.
Aunque no podía ver su cuerpo, su imaginación se desbordó.
Su clavícula, su pecho, su ombligo, su cintura…
Todo en ella.
Para Tobías, bastaba con que ella estuviera ahí para que pareciera envuelta en un aura de amapolas; era un veneno letal, capaz de quitarle la vida.
En poco tiempo, Belén terminó de vestirse. Finalmente se dio la vuelta y observó la espalda de Tobías.
Había pensado que seguramente él miraría a escondidas, pero para su sorpresa, ni siquiera había girado la cabeza.
Por un instante, a Belén se le encogió el corazón, dejándola en un estado de confusión.
Cuando volvió en sí, le dijo en voz baja:
—Tobías, ya estoy lista.
Al oírla, Tobías se dio la vuelta. En el momento en que su mirada se posó en el rostro de Belén, se quedó atónito.
—Tú…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....