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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 616

Sus palabras eran tan directas que Belén, inexplicablemente, se sintió molesta. Levantó la vista, lo fulminó con la mirada y le espetó con fiereza:

—¡Eso es una reverenda tontería!

Tobías se inclinó hasta que sus ojos quedaron a la altura de los de ella. La estudió por un momento y luego dijo:

—Tenía razón, ¿verdad?

Belén levantó la mano para golpearlo, pero la falta de fuerza en su gesto hizo que Tobías lo interpretara como un coqueteo.

Él le sonrió, con los ojos llenos de ternura y cariño.

Belén no se atrevió a sostenerle la mirada; el ardor en sus ojos era demasiado intenso.

En el silencio del lugar, el estridente sonido de un celular rompió la quietud.

Ese sonido fue como un salvavidas para Belén.

No sabía desde cuándo, pero había empezado a temer la mirada de Tobías.

Siempre la miraba con una devoción tan profunda que temía caer en sus redes y terminar hundiéndose en otro abismo.

El celular no dejaba de sonar. Lo sacó y vio que era Hugo Navarro.

Sin pensarlo mucho, Belén se dio la vuelta y contestó la llamada.

—Belén, ¿cenamos juntos esta noche? —dijo la voz clara y agradable de Hugo al otro lado de la línea.

Belén, un tanto confundida, preguntó:

—Hugo, ¿pasa algo?

Por un momento, pensó que podría ser el cumpleaños de Hugo.

Ahora que lo pensaba, no tenía ni idea de cuándo era su cumpleaños.

—Quiero invitarte a una cena para darte ánimos —le dijo Hugo.

Al oír la palabra «ánimos», Belén entendió al instante.

Al día siguiente era el examen de admisión a la maestría, y Hugo quería desearle suerte.

Tras pensarlo un momento, no se negó.

—Está bien —aceptó.

Al ver que Belén había aceptado, Hugo sonrió.

—Entonces, cuando salga del trabajo, pasaré a recogerte. Mándame la dirección por WhatsApp.

—De acuerdo.

Belén aceptó sin dudarlo.

Después de colgar, antes de que pudiera guardar el celular, Tobías se acercó y, con una sonrisa pícara en los labios, le dijo:

—¿Tanto miedo le tienes?

—Tengo miedo de que no se divorcie de mí —respondió Belén con sinceridad.

Tobías no esperaba una respuesta tan directa. Se quedó perplejo por un momento y luego, soltándola, se enderezó y dijo:

—Entonces, sube rápido.

Belén no dijo ni una palabra más y se dirigió escaleras arriba.

Pero justo cuando estaba a punto de entrar en el hueco de la escalera, Tobías la llamó:

—Bebé.

Al oír ese «bebé», Belén se detuvo instintivamente.

Al ver que ella parecía aceptar el apodo, la sonrisa de Tobías se hizo más amplia.

Aunque Belén no se dio la vuelta, Tobías la miró a la espalda y le dijo:

—Acuérdate de pensar en mí.

Belén vaciló un instante, pero luego, echó a correr.

Si se quedaba un segundo más, temía que su corazón se confundiera aún más.

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