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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 618

—De acuerdo —asintió Belén.

Tras eso, no dijeron nada más y bajaron en silencio.

Al llegar a la entrada del centro comercial, Belén no tuvo que esperar mucho; el carro de Hugo llegó en seguida.

Fabián también vio el carro de Hugo, un Audi negro. Era un modelo discreto, pero para una persona promedio, su precio no era nada barato.

El estatus económico de Hugo, comparado con el de la gente común, ya era de primer nivel.

Lamentablemente, Belén estaba rodeada de figuras como Fabián y Tobías.

Hugo bajó del carro. Ese día, excepcionalmente, vestía de manera formal: un abrigo negro sobre un traje. No parecía que fuera a una cena para darle ánimos, sino más bien a una cita a ciegas.

Por alguna razón, al ver a Hugo, Fabián sintió una repentina reticencia a que Belén fuera a cenar con él.

Pero como ya había aceptado, solo pudo apretar los dientes y no decir nada.

Hugo se acercó a grandes pasos, el bajo de su abrigo ondeando con el viento. Su cabello, normalmente despeinado, estaba peinado hacia atrás, revelando una frente despejada. Sus facciones eran atractivas y, con ese elegante abrigo, parecía salido de una pintura.

Belén observó a Hugo mientras se acercaba y, volviéndose hacia Fabián, le dijo:

—Ya puedes irte, voy a cenar con Hugo.

Al oírla, Fabián sintió una punzada de dolor. Quiso negarse, pero se obligó a aceptar.

—Está bien.

Cuando Hugo se acercó, Fabián lo miró con una sonrisa profunda en los ojos y dijo:

—Muchas gracias, señor Hugo, por invitar a mi esposa a cenar. Le encargo que la cuide bien. Más tarde vendré a recogerla, no se moleste en traerla.

Con unas pocas palabras, dejó todo claro de manera sutil.

Llamó a Belén «mi esposa» y dijo que iría a recogerla. Con esas breves frases, cortó de raíz cualquier idea que Hugo pudiera tener.

Hugo entendió la indirecta de Fabián, pero no le respondió ni lo miró.

Belén ignoró lo que Fabián había dicho y bajó las escaleras para dirigirse hacia Hugo.

Pero apenas había dado unos pasos cuando la voz de Fabián volvió a sonar:

—Esposa, espera un momento.

Tras recorrer un tramo, Hugo se giró de repente y le preguntó a Belén:

—¿Tienes frío?

En ese momento, el semáforo estaba en rojo. Al mirarla, Hugo notó que los labios de Belén estaban rojos e hinchados.

Como médico, supo de inmediato que la rojez de sus labios probablemente se debía a un beso forzado.

Sin embargo, no le preguntó nada al respecto.

Hugo hizo todo lo posible por ignorarlo, pero cuanto más intentaba no pensar en ello, más imágenes acudían a su mente.

Belén miró a Hugo y, sonriendo, respondió:

—No, Hugo, no tengo frío.

Hugo le devolvió la sonrisa, pero al instante siguiente, no pudo evitar decir en voz baja:

—Siento que Fabián se preocupa más por ti que antes.

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